La crisis agudiza el ingenio
Wednesday, October 29th, 2008 |Receta de pulpo a lo pobre:
…en el archipielago de la emetreinta
Este era un hombre al que hace mucho tiempo todas las colonias que olía le recordaban un mismo olor. Daba igual que una colonia tuviese olor a canela, otra a vainilla, a mandarina, porque a él todas le olían igual.
Se compró una colonia, aunque el olor de la colonia le daba un poco igual, porque todas le olían igual. La usó bien poco, porque le parecía que hasta el ambientador de su cuarto de baño olía igual. Incluso dejó de usar suavizante, porque todos eran iguales.

Un día cualquiera subió a un autobús cualquiera. Una mujer pasó a su lado, y él olió la colonia de su pelo. Entonces, tras dejar el portátil en el suelo, entre sus pies, y defendiéndose como podía de la fuerza centrífuga en las curvas con una mano agarrada en la barra, con la mano libre escribió un mensaje en su teléfono: “Acabo de entrar en un autobús y alguien llevaba puesta tu colonia. Me he acordado de tí”.
Llegaba ya el autobús a su destino cuando recibió la contestación: “siento que te pasase eso. Qué colonia es la que llevaba? tienes buena memoria.”
Escribió otro mensaje para responderla, aunque nunca llegase a enviarlo:
“La verdad es que he decidido olvidarte. Creo que empezaré por tu colonia”.
(O de cómo sobrevivir en el metro)
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Me llegó el otro día el manual de ya llegué yo primero a casa, y es que no puedo dejar de leerlo. No hago otra cosa desde hace días, porque hay días muy muy duros, y están siendo los campeonatos… y todo así de mal.
Os voy a contar las normas que utilizamos para el juego en equipos:
Para jugar en equipos no os creáis que es necesario conocerse. De hecho mola mucho más el juego cuando todos somos desconocidos y nos miramos con cara de odio.
Parte 1: preparación para el juego.
Cuando estás esperando a la barca de remos, en el momento de hora punta, tienes que ir por todo el embarcadero buscando tu sitio. Cuál es el sitio de cada uno es algo que sólo la experiencia te indica. Evidentemente, el mejor sitio es aquel que, cuando te toque desembarcar, haya quedado más cerca de las escaleras de caracol. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, siempre coincide que si te subes en el punto A, la barca para en ese mismo punto A del embarcadero de destino.
Este es el primer punto de fricción en el juego (que es un juego pelín violento, ya os digo), y siempre hay algún despistado que se pone delante de tí cuando estás esperando la barca de remos. Intentará ocupar las últimas plazas disponibles que den acceso a ese puesto privilegiado, pero si tu haces una maniobra kaspersky perfecta, ganarás la posición de apertura, que no tiene por qué ser mala.
Parte 2: durante la travesía.
Durante la travesía, y a pesar de que los remeros se lo curran bien, siempre suele haber olas que zarandean la barca de remos, así que lo mejor es agarrarse a cualquier parte que sobresalga de la barca.
Mucha gente intentará noquearte con su olor corporal, colocando su sobaco cerca de tu nariz, pero ahí es donde tienes que aguantar. Un truco que alguien me ha confesado como infalible es llevar una alimentación rica en leguminosas (alubias, lentejas…), aguantar los pedos hasta estar dentro de la barca de remos, y ahí soltarlo todo todo todo. Al fin y al cabo, a todos nos huelen bien nuestros propios pedos, pero no creo que los demás puedan decir lo mismo.

Foto de una barca de remos en hora punta
Parte 3: ya estamos llegando…
Todas las barcas de remos llevan un vociferador que anuncia las competiciones. Mi competición se llama “Avenida América”. También anuncian los puntos que corresponden al primero, segundo y tercer clasificado. En el caso de “Avenida América”, corresponden 7, 6 y 4 puntos respectivamente.
Como véis, el embarcadero en el que participo es de primera división, y no como otros, que dan un punto al primero o incluso nada.
En cuanto el vociferador dice: Avenida América, correspondencia con 7, 6 y 4, se producen los primeros movimientos dentro de la barca. Los jugadores que se encuentran más alejados de la puerta de desembarque se ponen nerviosos e intentan distraer al resto, con palmaditas en la espalda, y frases como: “va a bajarse ahora” “se baja ahora”??
Pues claro que voy a bajarme ahora!!! qué creías, que iba a dejarte pasar??? Todo eso un jugador experto puede decirlo con una simple mirada de odio, sin tener que abrir la boca.
Y por fin… el embarcadero. El juego está a punto de comenzar. Aquí toma especial importancia la figura del “abridor”.
Parte 4: la estampida inicial
El abridor lo reconoceréis enseguida. Es la persona encargada de abrir la portezuela de desembarco. Es muy fácil identificarle porque en todos los desembarcos es el que más cerca está de la puerta, pero sólo se encarga de abrirla cuando llega el puerto en el que él va a participar.
Cuando la lancha se detiene, se produce la estampida. Todos miramos hacia el abridor, y él tira del mecanismo que abre la portezuela… y… bang !!!
Normalmente el abridor es quien primero choca con los obstáculos humanos. Estos obstáculos son las personas que se Colocan Ante Portezuela Ubicándose Lateralmente y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando. Son los (más conocidos por sus siglas) C.A.P.U.L.L.O.S.
Así, la estampida inicial se ve inicialmente frenada por los CAPULLOS que esperan en el embarcadero, con cara de no entender la que se les viene encima. Muchos de ellos, por cierto, se sirven de elementos físicos como carritos de niños, maletas, baules, la suegra…
Como os contaba, el abridor es el primero que choca con uno de estos CAPULLOS, mientras los demás pasamos por encima de su cuerpo caido, procurando pisar fuerte pa que no se levante. Con el periódico que todos llevamos bien apretujao, conviene ir repartiendo guantadas entre los CAPULLOS para abrirte paso hacia la escalera de caracol…
UUUUhhhuuu !!!
Empieza el juego !!!
(continuará…)
No sé si en este pergamino os he hablado ya de los ascensores. No sé si lo habré llamado de otra forma y está por alguna de las 300 entradas del pergamino. Quizá sí, pero vamos a retomar el tema. Hoy estoy de mala leche y leí por ahí que es la mejor forma de perder lectores de un pergamino: escribir estando cabreado. Pero vamos allá:
Qué es un ascensor?
Bien, esto hay que definirlo con calma.
Mirad, hay personas que son ágiles, jóvenes, delgados y hasta guapos, que suben las escaleras de los túneles subterráneos del condado a pie. Un extremo de esto son los que los suben corriendo. Qué ilusión, qué destreza, qué ganas de comerse el mundo tienen !!! qué ganas a veces me entran de que se coman los escalones en una de esas carreritas, raspando sus incisivos contra la banda de papel de lija en la que acaba cada uno de los escalones.
Luego están la mayoría. Los que juegan al “ya llegué yo primero”. Aquí hay también dos clases. Los que siguen las normas al pie de la letra y son felices adelantando por la izquierda a la otra clase, que suben al ritmo de la escalera de caracol. Ya he visto desde que llegué al condado dos casos de vencedores del “ya llegué yo primero”: competidores veloces que suben las escaleras de caracol a toda leche, y cuando llegan arriba les da un desmayo y se caen al suelo.
Es curioso ver como en esta ciudad el instinto provoca más el que ni cliff se pare a ayudarles que el ser moderno y que te arrollen “tus 100.000 congéneres del metro“.
Y la tercera clase somos los renegados sociales que vamos en ascensor. Los que deseamos que existan teletransportadores que nos lleven desde lo más profundo de los túneles hasta el nivel de la calle. Pero total, para cuando los inventen será mucho más sensato el que nos lleven desde el sofá de casa al sofá del cine y del sofá del cine al de casa. Pa qué más.
Yo ya no juego al “ya llegué yo primero”, sino que me sé todos los ascensores del condado, y cuál tomar para que el camino al túnel subterráneo correspondiente sea el más corto. Lo malo es que igual que tú, el resto de emetreinteños se conocen estos ascensores.

Y aquí están los personajes de los que voy a hablar hoy. Son peores que los C.A.P.U.L.L.O.S. que puedes encontrar frente a las puertas de cualquier barca de remos (CAPULLOS=Colocado Ante Puerta Lateral y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando), estos son realmente peores que los capullos.
Son los A.S.C.E.N.S.O.R.I.S.T.A.S. (Al Subir Consiguen Entrar No Sólo Obstaculizando Repetidamente e Incordiando y Sodomizando, Tambien Apestando a Sudor).
Todos conocéis a estos personajillos, a los ASCENSORISTAS. Son esos que cuando estás esperando al ascensor hacen lo siguiente:
Posición uno: estás el primero en una cola (cómo les gusta hacer cola en este condado), que espera a que llegue el ascensor a tu planta. Estás el primero en la cola y ellos se cuelan por tu izquierda o derecha y si hay dos botones de llamada (uno para el ascensor de subida y otro para el ascensor de bajada), pinchan el que no está iluminado.

Resultado de la posición uno: te montas en el ascensor y apareces en el sótano cuando tu intención era subir a la planta ático. Miras al Ascensorista en el cogote y en los miles de segundos que tarda el ascensor en cerrarse y devolverte a la planta baja (el sube también al ático, en el sótano sólo está el parking), desearías que tu mano y tu brazo fuesen lo suficiéntemente rígidos para atravesar su espalda en busca del corazón (si es que lo tienen, que no está comprobado).
Posición dos: entran los primeros al ascensor y nada más entrar se quedan plantados al lado de la puerta y junto al conjunto de botones, obstaculizando repetidamente e incordiando y sodomizando.
Después de que el resto de la gente les esquive para entrar, llaman a su planta y se colocan delante de los botones, impidiendo ver al resto a qué piso van. Los demás tratan de dar a los botones como pueden, mientras intentan esquivarle para entrar o desde el fondo, pasando peligrosamente cerca del arma secreta de los ascensoristas: el sobaco sudao.
Por cierto, cuando los ascensoristas se hacen mayores, sodomizan a otros ascensoristas, pero de una manera más fina, diciendo una y otra vez: yo voy a la planta tercera. Ha pinchado en la planta tercera? seguro? pero está iluminada? (el botón suele fallar en estos casos) que yo voy a la tercera, la tercera planta. Ha pinchado ya? seguro? estamos subiendo o bajando? es la tercera planta? seguro?
Suelen salir los primeros del ascensor. Y es que en muchos casos aquí se entiende la parábola esa de que “los últimos serán los primeros”.
Voto por exterminarlos una vez que hayamos acabado con las palomas.
Cuando era pequeño, en tabarka, estudié la carrera de económicas
Una carrera es lo que te entrena para que de mayor seas capaz de correr bien por los túneles subterráneos de camino a tu trabajo. Te enseñan correr en condiciones. Que de eso se trata la vida, echar carreras pa que no te pillen. (eso dicen).
En mi carrera, los profesores trataban de evitar a toda costa que aprendiésemos a contar las cosas de memoria, con nuestra cabecita. Nada de cabecita, que solo hay una. Cuenta con los dedos, que tienes muchos. Por eso los años se medían con los dedos de la mano. Cuántos días hay entre el 8 de agosto de 1998 y el 30 de septiembre de ese año? Actualizad una renta perpetua en progresión aritmética…
Eso lo ponían en un papel de examen que estaba bocabajo, y a una señal del profesor, podías ver a cientos de estudiantes en el examen, en aquella aula enorme, dejando sus calculadoras a un lado, y contando con los dedos. Dedogordo, índice, mediano este, anular, meñique… paso a la otra mano…
Conmigo lo consiguieron a tope, que tampoco digo que tuviesen difícil “re-educarme”, ya lo sabéis los pocos que leéis este pergamino sin saltaros las líneas y resistiendo con dos huevos a leer lo que pongo. Así el medir cuántos meses van desde diciembre de 2004 a septiembre de 2008, que es el tiempo que llevo cumpliendo mi condena en esta isla, lo estoy midiendo con los dedos de las manos. Y me faltan dedos, mira tu por donde.
Pero claro, aquí está el truco del almendruco… porque… ¿eres tu de los que cuentan los dedos dos veces o una?
Más claro: eres (a) de los que empiezas a contar con la mano cerrada y vas sacando dedos, en plan: gordo, indice, el dedo del medio, y luego anular y meñique (que esos salen juntos hagas lo que hagas)… o eres (b) de los que cuentas los dedos de una mano con el índice de la otra: señalo gordo, señalo índice, señalo este del medio…
En cualquier caso, el problema está cuando ya no te quedan dedos de las manos para contar. Entonces tienes que recurrir a marcas en el papel. undostrescuatrocinco…diez, rayita, undostrescuatro…diez otra rayita.

Si ves en la foto un brick de Lauki, es que eres de planesia, si crees que hace mucho frío con la nevera abierta, eres de la emetreinta.
Resumiendo: ya no puedo contar los meses que llevo aquí con los dedos de mis manos.
Y estoy muy bien en las zapatillas que son tres números más pequeñas que mi pie y que llevo siempre por casa porque me da la gana y porque me traen recuerdos, y lo que no me va a dar la gana es contar con los dedos de los pies.
No porque no pueda comprimirlos contra la palma del pie o la planta del pie (que sí que puedo, por cierto).
Y no porque no pueda señalarlos uno a uno con el índice de una mano o con el dedo gordo del pie, (porque el dedo gordo del pie hace las mismas funciones que el dedo índice de la mano): dedo gordo, otro pequeño, otro del medio, otro, el guisante ese del extremo, cambio de pie, dedogordo…
No voy a contar con los dedos de los pies.
Llevo mucho tiempo aquí, tantos meses que no es que pueda contarlos con los dedos de una mano, es que no puedo contarlos ni con los de dos…
Ni con los pies.
Y ya no se si eso es bueno o es malo. Si lo que tenía antes era mejor o que lo que tenía era una mano de años menos. No lo sé.
Simplemente sigo aquí, en mi nueva celda, donde las barcas se oyen lejos, y la luz invadiría toda la estancia si no fuese porque es de noche, y no hay luna, y además tengo las persianas abajo.
Y es que se hace tarde ya. O se hace noche. Y hoy estoy especialmente cansado. Asqueado. Algo me pusieron en el menú del día que me amargó entero. Habrá que echarle mucho más picante a las cosas para poderse comer este platito que me como todos los días.
Y me voy a dormir. Entre mi silla y la piltra debe haber como 6-7 pies de los de mi tamaño. Otro día hablaré de esto. Hoy… se hace tarde. O noche. O simplemente que estoy cansado de ciertas cosas y es mi forma de expresar lo que pienso. Otros hacen dramas. Yo hago esto.
Últimamente voy a cenar mucho por ahí. Como ya comenté, tengo más tarjetas de restaurantes que de contactos profesionales, lo cual me genera muchas dudas sobre mi competencia y una pancilla de buda muy mona.
Nota:leído dos años después esto tiene su gracia
Lo bueno es que a partir de cierta edad tener cierta panza es sinónimo de felicidad. Lo malo es que pasados ciertos años, la panza es un sinónimo de riesgo de infarto. Así que me encuentro en un dilema, como buen planesiano: ¿Es que estoy de buen año?
A lo que iba: el otro día fui a cenar con la musa por Isla Pozo pequeño, y… muy bien… fantástico. Aún tengo lágrimas en los ojos de lo bien que cenamos. Y por 34 euros… Dios, la mejor comida Italiana que he probado en mucho tiempo.
El sitio se llama “Al Dente“, y está en la calle Hospital 74, en Pozuelo de Alarcón. Cerca del ayuntamiento, del tanatorio y del centro de salud. (menudas tres referencias de mal rollo he puesto, no?). El teléfono es el 91 715 76 09. Con prefijo 34 si llamas desde fuera del condado.
Al Dente = Comida italiana de verdad. Por lo visto el cocinero es el marido de la camarera y es un italiano auténtico. Uno de esos que le gusta el fútbol y el aceite de oliva. Como un español pero gesticulando más con las manos, vaya. Y cómo cocina… son las dos de la mañana, han pasado 24 horas y estoy aquí salivando, al recordar ese panzerotti…
El local es muy pequeño. Calculo yo que tienen sitio para 30 personas como mucho. Mesas de madera, y servilletas y manteles de papel (digo esto por si lo lee uno que yo me sé, que a mí lo de las servilletas y manteles de papel me da igual, porque este sitio la comida está tan buena que… como si nos sirven subidos en zancos).
De primero comimos una provoletta… riquísima. Un tomate casero tenía… dios… otra vez salivando, voy a dejar el teclado inservible. Con un pan de estos con forma de espaguetti (¿se llaman grissini?), y un queso con mucho sabor.

Luego pedimos una pizza alla arrabiata (queso, peperoncino, aceite picante, otra vez el tomate casero…) y unos panzerotti de pera con salsa de queso. El contraste de los panzerotti entre la pera (dulce) y el queso… de flipar. Y la pizza estaba quebradiza, sabrosa… por qué los de telepizza no harán las pizzas como dios manda…

De postre pedimos una tarta de galletas borrachas en café (si es que las galletas se ponen turcias con el café) y nata. Riquísima.
A favor, el sabor de todo, el precio. En contra, que no hay carta… y eso a mí no me mola mucho. Que hay los platos que el cocinero haya querido hacer hoy y haya en el mercado, y nadie te dice el dinero que vale cada uno, sino que te los canta la camarera. Así que después de haber ido a “Il Gusto“, y haber sido asaltados a mano armada y con saña - creo que si hubiese tenido un diente de oro, se lo habrían llevado también- uno anda preocupado cuando come en un italiano cosas tan ricas sin saber lo que valen. (nota, soy un hipócrita, que en “Il Gusto” pagó mi hermano Nacho).
34 euros por todo. 2 euros el pan (tomamos 4 bolsas de pan entre dos personas, además de media hogaza que se fué con la provoletta) 8,50 la provoletta, 9,50 la pizza, 10,50 el panzerotti y 3,50 la tarta.
No digo que “Il Gusto” sea peor, no, pero que os inviten, eh? porque la pasta (trigo) tampoco es que valga la pasta (money) que vale allí.
En resumen: Al Dente es muy recomendable.
Abren 13h a 16h y de 20.30h a 23h. Cierran sábado mediodía y domingo completo. Calle Hospital 74, Pozuelo de Alarcón, Madrid, 91 715 76 09
Nota: voy a ver si refloto varios posts que hay escondidos de entre los 500.. (me lo ha pedido una persona y esto últimamente en este blog es multitud
). Este viene a cuento, es de hace dos años… y puede que os guste. A mí me gustan los comentarios.
Hace cinco siete años que dos torres caían en Isla Manipulada, y con ellas acababa el boom de internet.
Fue un once de septiembre. Hace ya cinco siete años.
En el momento justo que la segunda torre se derrumbaba, llevándose en su interior la burbuja de las .com y los .net y similares (que es lo que hizo Pop ! al llegar al suelo), en ese preciso momento yo estaba firmando mi primer contrato en una empresa de comercio electrónico e internet, para gestionar afiliados.
Desde luego… nunca fui oportuno
Esta era la mesa en mi primer trabajo

El ordenador estaba abierto, porque un día se quemó el disipador, y tuve que estar con un ventilador encendido en los pies (incluso en invierno), durante 7 meses.
Esta, la del segundo trabajo que tuve en internet

Lo mejor es que se podía fumar, aunque el ordenador era de broma. Si creéis que la impresora era buena, no os engañéis, porque era mía y la traje yo de casa. Murió una semana antes de cambiar a mi tercer trabajo. Debía ser una premonición.
Y esta, mi mesa en el anterior trabajo a ahora…

Al menos cuando me tenso, aprieto el pollo por el cuello, se le encienden las mejillas y patalea… eso relaja.
En todos los trabajos dejé buenos amigos, gente con la que compartí risas, malos ratos, tiempos ridículos de entregas al cliente, cursos, caminos hasta casa, alegrías, copas, servidores, dominios, realísticos y bolas chinas. Bueno, esto último lo compartieron ellos con otros.
Gente como Jorge, Tino, Cristina, David, Fernando, Kike, Jose Luis, Gonzalo, Emilio, Dani, David el sueco… me dejo muchos.
Muchos.
Gente a la que les podías contar cosas como lo del cliente al que por teléfono configuré su cuenta de correo electrónico:
- Qué contraseña me has dicho que le pongamos? Rocco? Con dos cés?
- Rocco no… Roco, con una sola. Rocco es el actor porno. Roco es mi perro.
Amigo, amigo, amigo, como decía Fernando. Ha merecido la pena.
A mucha gente cuando les preguntan sobre un circuito de Karts en Madrid, enseguida piensan en el circuito Carlos Sainz, de Boadilla. Me han hablado muy bien de él, e incluso mi empresa hizo un evento allí hace tiempo. Pero no, no es este circuito del que voy a hablar hoy. Es al circuito Karting Soto, que está en Soto del Real, al norte del archipiélago de la emetreinta.
El precio del circuito es de 15 Euros por 10 minutos. Eso incluye el kart, el cronometraje y un casco. en 10 minutos podéis dar unas seis vueltas, en este circuito de 960 metros de longitud. También tenéis bonos de 10 tickets, a 140 euros (14 euros por 10 minutos). Hay posibilidades de alquilar la pista con y sin karts, cerrándola por media hora o una hora completa. Vienen más datos en su web.

Los karts están protegidos por los lados, y aunque te des una guantada, es casi imposible hacerse mucho daño. Ojo que no digo que los karts sean coches de choque, pero bueno, el circuito está rodeado de neumáticos en las zonas conflictivas, y doy fe de que si te das una torta a 70Kms/hora, no te haces nada grave (un par de moratones).
Tienen cronometraje, que hay que pedir antes de montarte, y te dan tiempos exactos de cada coche. El récord de vuelta estaba en 1 minuto, 04 segundos y 82 centésimas hasta el día que fui yo (mi récord fue de 1:13,36, pero para no conducir casi nunca, no está mal hacer de media ). También tienen un bar con futbolín, aunque está cerrado, pero puedes comprar botes fríos por un euro.
No sé si habéis conducido un Kart alguna vez. Sé que mi vecino de celda, Viktor, sí que lo ha hecho. Es una experiencia genial. Te permite ir muy rápido a un nivel muy bajo de conducción (vas a 10 centímetros del suelo). Al estar las ruedas en las esquinas, el kart tiene mucha estabilidad, y es casi imposible volcar. Eso sí, vas haciendo derrapes en todas las curvas, y lo mejor para no perder tiempo es frenar poco y trazarlas bien.
Lo divertido es ir con varios amigos, y hacer un par de carreritas. Los del circuito no te aseguran que esté para vosotros solos salvo que lo paguéis, así que tened cuidado con imbéciles como el que primero casi me embiste en las primeras vueltas, después de salir él de una curva en la que estaba parado, y finalmente me sacó del circuito en la recta contraria a tribunas a 70 por hora, en la última curva, y se piró del circuito sin ni preguntar qué tal estaba tras chocarme. Pero aun con el sustillo, te ries un montón, descargas adrenalina y pasas un día divertido al aire libre.
Para comer tenéis cerca, en el pueblo del Soto del Real, el bar Julius, donde comer una pedazo de hamburguesa, unas patatas fritas y medio litro de tinto de verano por doce euros.
Llamemosle Jorge.
Jorge se levantó a las siete, una mañana cualquiera, en su casa.
Una casa como cualquier otra, qué más da? En un barrio. ¿Qué barrio? No lo sé, cualquier barrio… el centro, las afueras… ¿Por qué se levantó? ¿Se despertó por si mismo, o tenía despertador? ¿Le despertaron los pájaros de fuera, sobre el árbol, junto a la ventana? No lo sé. Quizá viva en la ciudad, en una torre alta, o quizá viviese en el campo, eso lo desconozco.
¿Pero, realmente se llama Jorge?
Tampoco lo sé.
Lo que sí se es que eran las siete, una mañana cualquiera, y ella no estaba.
Ni sus cosas en el armario, ni ella en la cama.
(”Te levantas un día, marzo 22, y el armario está más vacío que tu corazón” Esclarecidos)
Si aquí pago por tener este pergamino online un poquito de respeto. Si me curro una foto de unas lentejas y sólo pido que por favor se me mencione al usar la foto, pues hombre… qué menos. Pero lo que te puede pasar si usas una foto de este blog sin citar la fuente y encima usando la imagen subida en mi servidor puede ser esto:
Puede que tu post lamercillo sobre las lentejas, con frases como “Me voy con lo puesto. A saber: unas botas katiuskas y un vestido de flores. Llevo el pelo recogido en una coleta, y no llevo bragas, te las he dejado colgadas del pomo del primer cajón de la mesilla de noche”. (Pues vete).
Y que tiene tenía este aspecto:
Se transforme en este otro. Si quiere lentejas, que las eche chorizo. Las lentejas viudas no… es que no me molan, no.
Si alguien siente pena de esta muchacha de katiuskas, pelo en cola y bragas sobre mesillas de noche ajenas, que se lo diga, por favor.
Más información de cómo evitar el hotlink, en el blog de aquí al lado, la Jaula del Último Mono
Más ejemplos de machacar un hotlink: http://static.flickr.com/31/40166689_9b7eef9fc3_o.jpg
Hace una semana iba en una barca de remos por los túneles subterráneos. Era una barca de estas nuevas, con menos asientos y más espacio para ir de pie.
No sé si habéis remado alguna vez de pie. Es chungo. Pero mucho. Es más fácil remar sentado, apoyando los pies en el suelo. Remar de pie implica que muchas veces te caes para los lados, hacia el frente y también de espaldas.
Por esto cuando entra algún viajero como el que acabábamos de recoger en el mar del cristal (una persona mayor, muy alta, con casi todo el pelo de la cabeza concentrado en su bigote), si estoy sentado suelo levantarme para dejarle el sitio. Pero el viajero se negó a sentarse, respondiéndome con una sonrisa. La verdad es que estoy hecho polvo así que el gesto de “párate” que me ha hecho con la palma de su mano derecha ha sido para mí como el de un jedi (a pesar de la altura del personaje), y una fuerza invisible me ha mandado de nuevo al asiento de golpe.
La barca de remos continuó navegando por todas las paradas, camino de su destino final. Era extraño, porque todos los pasajeros iban descendiendo de la barca, dejando más asientos libres libres que viajeros, pero el pasajero alto, con bigote blanco, no se sentaba. Casi al final del trayecto ibamos él y yo sólos en la barca y, señalando los tres asientos libres enfrente de mí, le pregunté por lo evidente:
¿No se sienta usted?
Él volvió a sonreir. Dijo un “no” con los labios pero no con la voz y movió ligeramente la cabeza hacia los lados, mientras cerraba los ojos. Llegamos a mi parada y me bajé, diciendo un adiós al pasajero.

Hoy volví a montar en otra barca de remos, en otro trayecto. Era hora punta y la barca estaba llena de emetreinteños. Yo iba medio dormido, adivinando mis ojeras en el reflejo de los cristales. Es que últimamente me doy mucha caña. Iba de pie, abrazado a la barra central de la barca de remos, bailando un chotis con ella mientras la barca saltaba entre las olas.
Así estaba, distraidillo, cuando en la parada siguiente embarcó de nuevo él, la persona alta y con el bigote blanco de hace una semana. Miró a derecha e izquierda, pero nadie le ofreció su sitio. Yo solté mi barra y él se agarró a la misma. Su mirada se cruzó con la mía, y al reconocerme, sonrió un poco.
Pero pronto se puso serio de nuevo. Miro a la gente de la barca, y volvió a mirarme a mí. Por primera vez oí su voz, aunque muy baja y a mi oído, preguntando: ¿te bajas en la próxima parada?. La verdad es que sí, respondí. “Mejor, mejor“, dijo para sí mismo.
Cuando llegamos a la siguiente parada, bajé delante de él, como me había recomendado.
El anciano aguantó unos segundos dentro de la barca, justo delante de la puerta. En su cara se podía ver una gran concentración. Fue entonces cuando lo oí. Bueno, lo oímos todos los que estabamos cerca. Un prrrfff, prfff, prrrff… fiuuuu que escapaba del culo del anciano. Un pedo de unos 10 segundos, con diferentes escalas y notas. Los de dentro de la barca, al empezar a oir (y oler) aquello, intentaron escapar, pero sólo el viejo pudo salir a tiempo. Y por las caras de los que se habían quedado dentro aquello no debía de oler especialmente bien. Creo que sufrirían ese olor al menos dos paradas más. Algunos lloraban y todo, como si les hubiesen rociado con un spray de pimienta.
El misterioso anciano y yo vimos marchar la barca levantando olas. El andén quedó en silencio, y el viejo se volvió hacia mí, ofreciendo su mano de jedi para que yo la estrechara.
Me presentaré: soy Pablo Duno Tersal. Estoy jubilado y mi única diversión es ésta, ir repartiendo justicia entre las barcas de remos. Entro en una al azar y espero a que alguien de los que está sentado me ofrezca su sitio. Si alguien lo hace, esa barca se salva. Si nadie me ofrece sitio, a pesar de ser una persona mayor y cansada, les perfumo el ambiente. Hace meses estaba sólo en esto, pero ya he convencido a unos cuantos amigos, ancianos como yo, para que hagan lo mismo. Piense la cantidad de legumbres que los jubilados…
Dios mío – le interrumpí — Entonces, el otro día…
Si, el otro día salvó usted a los pasajeros de aquella barca. Hoy éstos no han tenido tanta suerte.
No dijo más, ni yo podría haber añadido una palabra, de lo sorprendido que estaba. Volvió a estrechar mi mano, caminó hacia la salida hasta desaparecer por el final del andén.
Así que a partir de ahora cuando vayáis en una barca de remos y entre alguien mayor… cededle el sitio… puede que sea Mister P.D.T. (o uno de sus amigos), repartiendo justicia.
Ekaina es Junio en euskera
Quizá a una gata que adopté en octubre debería haberla llamado urtarrila, pero es largo y para qué engañarnos, no sé euskera. La cosa es que eras una gata pequeñita. de las que tienen los ojos chinados y que caben en la palma de la mano. Una gatita que no dejabas de engancharte en mi jersey rojo con tus uñas frágiles, maullando de vez en cuando para dejar claro que estabas a gusto ahí, pero que no me eternizase. Quizá tu no lo recuerdes, pero era octubre, y estabas con tu hermana y tu hermano en Isla Charola.
Laurencio Montaño me dijo:
“Con cual te quedas?”
“Con esta, estoy seguro de ello”
Le respondí.
Volví ese día a Tabarka, y las cosas cambiaron radicalmente días después. El rey decidió que tenía una isla sin llenar en el condado de la emetreinta, y nos trasladó a todos los presos italianos a esta isla perdida en el mediterráneo. Eso fue más o menos por noviembre de 2004.
Pasaron los meses, incluso más de un año, tanto tiempo que no podría contarlo con los dedos.
Y finalmente volví a Isla Charola
La madre de Laurencio me señalaba gatos, uno tras otro: ese es hijo de la Jana (tu madre), ese es hijo de la blanca… incluso vi a tus otros hermanos merodendo por allí. Había muchos gatos. La verdad: tu madre nos salió un poco puta, y tiene miles de crías, todas con gatos diferentes.
Gatos medio atigrados medio frisones
Gatos medio anaranjados medio frisones
Incluso gatos medio siameses pero con manchas blancas y negras en la frente.
Es que el padre cambia, pero la madre sigue siendo la misma.
Pero tu no estabas.
Finalmente te encontré, subida a un árbol. Bueno, primero pasaste a mi lado como una bala, para luego subirte a el arbol que tienen allí junto a la barbacoa esa de ladrillo. El resto de tus primos, hermanos, sobrinos y demás parentela te habían ahuyentado hasta allí. Ellos no eran tan rápidos como tu subiendo a los árboles, y por el momento les habías esquivado.
Desde la mitad del árbol, entre dos ramas, asomabas la cabeza y me mirabas con miedo. Tu mirada era muy distinta a todas las fotos que he visto tuyas desde entonces, en las que tienes la cabeza bien alta, y giñas los ojos con el sol como si en tí hubiese algo que dijese: “eh, yo estoy aquí debajo del sol que me gusta, todo tranquila, tu nunca sabrás lo que es esto“.

En esta foto al menos eso parece. Con tu color atigrado al sol. De tres colores, como sólo tenéis las gatas (los gatos nunca pueden ser tricolores, sólo las gatas). Supongo que venías de un gato atigrado, guapo, que demostró a tu madre, la Jana, que podía subirse a los árboles más altos, cuya meada olía mejor (si es que una meada de gato olió bien el algún lugar del mundo alguna vez).
Me mirabas con miedo y con las orejas apuntando cada una para un lado, vigilante de cualquier ruido amenazador. Nos miramos unos segundos e intenté sacarte una foto con mi cámara de fotos, pero… esas cosas no tienen batería suficiente cuando las necesitas.
Quizá sea mejor así, prefiero recordarte con la mirada in/diferente y no con ese miedo. En ese momento Laurencio, con algún kilo más que hacía dos años, me contó que tuviste gatitos, y que tus familiares te forzaron a criarlos lejos. Me contó que hace tiempo que no ven a tu camada, y esto no pinta bien.
Mira Ekaina… no sé qué será de tu vida. No sé si te comerá un zorro o decidirás montártelo por tu cuenta en otra parte de Isla Charola. No lo sé. Sé que te ví subida a ese árbol, perseguida por los cabrones de tus hermanos (que nunca fueron de mi agrado, ahora sé por qué), y me dijeron que era una pena lo de tu camada, porque los de allí esperaban que me hubiese llevado a uno de tus hijos a mi celda…
pero…
qué quieres que te cuente…
Ahora vivo en una celda de 100 pies cuadrados, y ya no es como en Islandia. Y te aviso que ni en Tabarka ni aquí podrías correr sin parar, y ver a lo lejos las montañas mientras te cae encima la niebla meona, como llamaba mi abuela a esa niebla que hace que el agua se condense en tu cara al andar. Tampoco podrías cazar ratones a kilómetros de distancia de casa, como hace la Jana (la hemos visto Laurencio y yo hacerlo).
Aquí sólo verías la luz por cuatro ventanas oscilobatientes y estarías todo el día deseando que llegasen las ocho y media de la tarde para que jugásemos a perseguir esa pelota verde que tengo por mi habitación y que ignoro de dónde ha salido. Luego comeríamos algo, yo alguna mierda precocinada y tu alguna galleta de estas secas… nos tumbaríamos en el sofá y yo te contaría cómo la madre de todos los ñús no me deja que le quite los piojos. Tu entrecerrarías los ojos en una mirada infinita medio aburrida medio complaciente… y engordaríamos los dos plácidamente viendo el telediario de Telemadrid de madrugada.
No sé tú, (porque no hay manera de preguntarte tu opinión y que encima respondas), pero creo que estás mejor donde estás.
Eso me digo, porque no dejo de pensar en tu cara de miedo, allí subida al árbol mientras yo hacía el imbécil debajo con una salchicha, intentándote hacer bajar.
Y me siento la hostia de culpable.
Espero que este post sirva para que sepas que te llevo en mi recuerdo (y en mi móvil). Sé que a tí las palabras blog y móvil no te suenan a nada, pero espero que sirva. Y aunque tampoco sirve, espero verte la próxima vez que vaya por Isla Charola, y espero poder hacerte caricias bajo la barbilla, que los dos sabemos que te gusta.
Planesia está constantemente en obras. Planesia y el resto de islas del condado.
El otro día, un folletín local que unos seres extraños vestidos con una estupida gorra roja te reparten en el embarcadero de los botes de remos, lo destacaba en su portada. En el condado hay tantas obras y zanjas que si se pusieran todas en línea recta, llegarían hasta la isla gaditana y volverían. Y tal isla está a muchas leguas de viaje. Ahí no llegas en barca de remos ni de coña.
Pero las obras no se detienen ahí. También las hay en los túneles subterráneos. Además estas son obras traicioneras. Se habla de planesianos que están encerrados en la línea de subterráneo 6, esperando a poder amarrar en algún lao.
El otro día iba en lancha planeadora de isla a isla, cuando el planeador me preguntó que si ibamos a planesia por isla fuencarrala o por isla dolonesia. Saqué mi sextante, y le dije: por fuencarrala. Pero fue mala idea, porque por isla arguesa hay obras por doquier. En concreto, era una obra muy útil, para instalar un sistema pivotante coaxial de furrulación sistemática. Algo que repercutirá evidentemente en el bien de la humanidad.
Por cierto, quiero aclarar que si no has entendido el párrafo anterior no te preocupes, tampoco nosotros entendemos muchas de las obras que hay por aquí.
Estos días, el condado ha estado muy agitado por la proximidad de la llegada de los reyes magos. Aquí los reyes magos no vienen en navidad, sino que aparecen cada cuatro años. Por eso se ponen todos firmes y hacen zanjas donde pueden. Se rumorean casos de espontáneos que cogían un pico prestao al vecino y se bajaron debajo de su casa a abrir una zanja.
Los reyes magos aquí dejan los regalos en las zanjas. Así que todo el que tiene mando en plaza, ordena hacer un bujero por el bien de la comunidad.
Pero por si acaso eso no es suficiente, ya está todo el archipiélago inundado de carteles que amenazan a los reyes magos en diferentes idiomas: “sabemos dónde vivís, preparáos”, y encima una llama sobre fondo rojo, pa indicarles a dónde van a ir si no hay regalito: “al infierno”. En la parte inferior, se indica la cifra en millones de maravedíes que tienen que dejar en total en las zanjas.
Os voy a dejar, porque mañana tendré que hacer unas maniobras Kaspersky extras. Mañana tengo cita con un par de ñús del diablo que tengo que despiojar y ya me he puesto la cota de malla.