Madrid – El Preso de la Isla Planesia

…en el archipielago de la emetreinta

Archive for May, 2008

Las obras en Planesia

Planesia está constantemente en obras. Planesia y el resto de islas del condado.

El otro día, un folletín local que unos seres extraños vestidos con una estupida gorra roja te reparten en el embarcadero de los botes de remos, lo destacaba en su portada. En el condado hay tantas obras y zanjas que si se pusieran todas en línea recta, llegarían hasta la isla gaditana y volverían. Y tal isla está a muchas leguas de viaje. Ahí no llegas en barca de remos ni de coña.

Pero las obras no se detienen ahí. También las hay en los túneles subterráneos. Además estas son obras traicioneras. Se habla de planesianos que están encerrados en la línea de subterráneo 6, esperando a poder amarrar en algún lao.

El otro día iba en lancha planeadora de isla a isla, cuando el planeador me preguntó que si ibamos a planesia por isla fuencarrala o por isla dolonesia. Saqué mi sextante, y le dije: por fuencarrala. Pero fue mala idea, porque por isla arguesa hay obras por doquier. En concreto, era una obra muy útil, para instalar un sistema pivotante coaxial de furrulación sistemática. Algo que repercutirá evidentemente en el bien de la humanidad.

Por cierto, quiero aclarar que si no has entendido el párrafo anterior no te preocupes, tampoco nosotros entendemos muchas de las obras que hay por aquí.

Estos días, el condado ha estado muy agitado por la proximidad de la llegada de los reyes magos. Aquí los reyes magos no vienen en navidad, sino que aparecen cada cuatro años. Por eso se ponen todos firmes y hacen zanjas donde pueden. Se rumorean casos de espontáneos que cogían un pico prestao al vecino y se bajaron debajo de su casa a abrir una zanja.

Los reyes magos aquí dejan los regalos en las zanjas. Así que todo el que tiene mando en plaza, ordena hacer un bujero por el bien de la comunidad.

Pero por si acaso eso no es suficiente, ya está todo el archipiélago inundado de carteles que amenazan a los reyes magos en diferentes idiomas: “sabemos dónde vivís, preparáos”, y encima una llama sobre fondo rojo, pa indicarles a dónde van a ir si no hay regalito: “al infierno”. En la parte inferior, se indica la cifra en millones de maravedíes que tienen que dejar en total en las zanjas.

Os voy a dejar, porque mañana tendré que hacer unas maniobras Kaspersky extras. Mañana tengo cita con un par de ñús del diablo que tengo que despiojar y ya me he puesto la cota de malla.

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El transporte público al trabajo

Como buen preso, estoy condenado a trabajos forzados. ¿Aunque qué trabajo no es forzado cuando tienes que pagar facturas?

El sistema de transporte es muy bueno, unos barcos a remos, en los que todos tenemos que remar. Realmente tenemos dos opciones: pagar casi 60 maravedíes dorados o coger un remo y ale ale.

El ale ale no nos gusta mucho a los Planesianos (bueno, yo soy de Túnez, pero eso lo contaré otro día), así que pagamos todos con mucho gusto.

Hace un par de días, uno de nosotros intentó alcanzar la costa a nado. Decía: “El secreto consiste en que, cuando te canses de nadar, te haces el muerto un rato, y vuelta a empezar“. No sabemos si llegó o está aún haciendo el muerto por ahí. Las últimas apuestas le daban 100 a 1 a que estaba en algún bar de la Isla Latina tomando cañas.

El sistema de comunicación es completamente subterráneo. Al principio por lo visto construyeron túneles desde Isla Planesia a la península, pero tenían muchas fugas, y al final se han convertido en ríos subterráneos, por los que pasan cientos de barcas de remos, de todos los tamaños.

El deporte nacional de Planesia es el “yo llegué primero arriba”, más conocido por su nombre corto: “ya llegué yo primero“. No dan premios ni nada de esto, pero uy lo que nos podemos reir.

Decir de nuestro deporte nacional que es un deporte popular es decir poco. Lo practicamos todos, independientemente de la edad o condición física. Todos los emetreinteños se vuelven locos practicando el ya llegué yo primero.

Primero, hay que elegir el bote más cercano al túnel de salida, porque en el puerto paran varias barcas de remos seguidas, y no todas los puertos tienen la misma salida en el mismo sitio. Sólo los expertos jugadores saben escoger los sitios más estratégicos. Es como en las maratones: primero salen los profesionales, y luego van los menos profesionales. Pues esto igual.

El segundo paso es ejecutar correctamente la maniobra Kaspersky, y por último, correr hacia las escaleras de caracol más cercanas a la salida.


Ticket de ida y vuelta Planesia - Altocuello

Todos (niños, mayores, cojos, mancos, tuertos, abuelos en sillas de ruedas e incluso alguno que no tiene ni brazos ni piernas y se impulsa con su barbilla). Todos – repito, TODOS – juegan a este deporte nacional. No tengo fotos de este deporte, porque si te descuidas, viene un hombre malo y te quita los pantalones.

En mi próximo apunte a este diario, hablaré de los hombres malos…

La maniobra Kaspersky se les enseña a los niños antes incluso que el abecedario. Consiste en ponerse de espaldas al bote de remos, colocar ambas manos en la puerta superior del barco, luego los pies en la plataforma, para después empujar con el culo todo lo que se pueda, hasta hacerte hueco entre los demás usuarios del bote. Es el eje de El “yo llegué primero arriba”.

Perdonad, pero hoy he tenido un día hasta arriba de despiojar ñus, así que mejor continúo en otro momento, hablando de las normas de este deporte, de la maniobra kaspersky y de los ñús y de Pablo Duno Tersal…

…otro día

Mientras tanto, se agradecen todos los comentarios o preguntas que queráis hacerme sobre Planesia y el condado de la emetreinta.

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Graham Chapman Memorial

Cuando muera quiero un funeral como el de Graham Chapman, uno de los miembros de Monty Python.


Traducción del vídeo al Español:

Graham Chapman, coautor del Sketch de “El Loro Muerto”, ya existe.
Ha dejado de ser, a pasado a mejor vida, descansa en paz, la ha palmado, se ha ido al más allá, mordido el polvo, la ha diñado, ha exhalado su último aliento, y ha ido a encontrarse con el Gran Jefe del Entretenimiento Ligero en los cielos.

Y supongo que todos pensamos lo triste que es que un hombre de tal talento, tal capacidad y amabilidad, de tal inteligencia, se haya desvanecido tan de repente a la edad de tan sólo cuarenta y ocho años, antes de que pudiese alcanzar muchas de las cosas de las que era capaz, y antes de que se hubiese divertido lo suficiente.

Bueno, creo que debería decir: “Chorradas. Que tenga buen viaje, el cabrón aprovechado este. Espero que se fría”.

Y la razón por la que pienso que debería decir esto es que el núnca me perdonaría si no lo hiciese, si dejase pasar esta maravillosa oportunidad de tomaros el pelo en su honor. Lo tenía todo salvo el buen gusto constante. Pude oirle ayer por la noche, mientras escribía estas palabras, susurrándome al oido:

“Vale, Cleese, estás muy orgulloso de ser la primera persona que dijo “mierda” en la televisión británica. Si este acto es para mí, para empezar, quiero que seas la primera persona que diga “Joder!” en un funeral británico.

——————

El resto de la transcripción, gracias a Minino, un lector. Muchísimas gracias :D

El problema es que no puedo hacerlo. Si él estuviera conmigo ahora probablemente tendría el coraje para hacerlo, porque siempre me transmitía su audacia. Pero lo cierto es que me faltan sus huevos, su maravillosa capacidad de desafío. Así que me tendré que contentar con decir “Betty Mardsen…”

Pero hoy habrá espíritus mucho más audaces y desinhibidos que yo. Jones e Idle, Gilliam y Palin. Sólo Dios sabe lo que nos depara la hora siguiente en el nombre de Graham. Pantalones caídos, blasfemos sobre pogos, increíbles demostraciones de pedorretas a alta velocidad, incesto sincronizado. Uno de los cuatro planea meterse por el culo un ocelote muerto y una máquina de escribir Remington de 1922 con el acompañamiento de el segundo movimiento del concierto para chelo de Elgar. Y eso sólo en la primera parte.

Porque, veréis, Gray lo hubiera querido así. De verdad. Cualquier cosa por él, salvo buen gusto descerebrado. Y eso es lo que simpre recordaré de él, además naturalmente de su extravagancia olímpica. Era el príncipe del mal gusto. Le encantaba escandalizar. De hecho, Gray, personificaba y simbolizaba más que nadie que haya conocido todo aquello que era más ofensivo y juvenil de los Monty Python. Y su gusto por impactar a la gente le llevo a logros cada vez mejores. Me gusta pensar que fue una luz pionera qe iluminaba el camino que podían continuar espíritus más ténues.

Algunos recuerdos. Recuerdo escribir el discurso del sepulturero con él: “Muy bien, nos la comeremos, pero si luego te sientes mal, cabamos una tumba y vomitas en ella”. Recuerdo descubrir en 1969, cuando escribíamos cada día en el piso que Connie Booth y yo compartíamos, que había descubierto recientemente el juego de escribir palabras de 4 letras en pequeños cuadraditos de papel, y que sigilosamente iba colocando en puntos estratégicos del piso, haciendo que Connie y yo nos viéramos envueltos en frenéticas búsquedas de papelitos en el último minuto cada vez que esperabamos visitas importantes a casa.

Lo recuerdo en las fiestas de la BBC, arrastrándose a 4 patas y restregándose contra las piernas de ejecutivos vestidos en traje gris, para luego mordisquear las más apetecibles pantorrillas femeninas. De eso también se acuerda la sra. de Eric Morecambe.

Recuerdo cuando lo invitaron a hablar en la sindical de Oxford, y como entró en la cámara vestido de zanahoria -un traje naranja que lo cubría por entero terminado en una brillante ramita verde a modo de sombrero-, y a continuación, cuando llegó su turno de hablar, se negó a hacerlo. Se quedó allí, literalmente mudo, durante 20 minutos, soriendo beatificamente. La única ocasión en la historia del mundo en que un hombre completamente mudo ha conseguido iniciar una revuelta.

Recuerdo a Graham recibiendo un premio de TV de la revista Sun de manos de Reggie Maudling. ¡Quién si no! Y tomar el premio y caerse al suelo, y arrastrándose hasta su mesa, gritando lo más alto que podía. Y si recordáis a Gray, ya sabéis que era de verdad alto.

Es magnífico ¿verdad? Lo curioso de escandalizar… no es que moleste a alguna gente; creo que proporciona a otros un momentaneo gozo liberador, pues nos damos cuenta en ese instante de que las normas sociales que constriñen nuestras vidas no son tan importantes en realidad.

Bien, Gray ya no puede hacer eso por nosotros. Se ha ido. Es un ex-Chapman. Todo lo que nos queda de él son nuestros recuerdos. Pero pasará tiempo antes de que se desvanezcan.

Transcripción en inglés (en negrita, el trozo del vídeo)

Graham Chapman, co-author of the ‘Parrot Sketch,’ is no more.

He has ceased to be, bereft of life, he rests in peace, he has kicked the bucket, hopped the twig, bit the dust, snuffed it, breathed his last, and gone to meet the Great Head of Light Entertainment in the sky.

And I guess that we’re all thinking how sad it is that a man of such talent, such capability and kindness, of such intelligence should now be so suddenly spirited away at the age of only forty-eight, before he’d achieved many of the things of which he was capable, and before he’d had enough fun.

Well, I feel that I should say, “Nonsense. Good riddance to him, the freeloading bastard! I hope he fries. ”

And the reason I think I should say this is, he would never forgive me if I didn’t, if I threw away this glorious opportunity to shock you all on his behalf. Anything for him but mindless good taste. I could hear him whispering in my ear last night as I was writing this:

“Alright, Cleese, you’re very proud of being the first person to ever say ’shit’ on British television. If this service is really for me, just for starters, I want you to be the first person ever at a British memorial service to say ‘fuck’!”

You see, the trouble is, I can’t. If he were here with me now I would probably have the courage, because he always emboldened me. But the truth is, I lack his balls, his splendid defiance. And so I’ll have to content myself instead with saying ‘Betty Mardsen…’

But bolder and less inhibited spirits than me follow today. Jones and Idle, Gilliam and Palin. Heaven knows what the next hour will bring in Graham’s name. Trousers dropping, blasphemers on pogo sticks, spectacular displays of high-speed farting, synchronised incest. One of the four is planning to stuff a dead ocelot and a 1922 Remington typewriter up his own arse to the sound of the second movement of Elgar’s cello concerto. And that’s in the first half.

Because you see, Gray would have wanted it this way. Really. Anything for him but mindless good taste. And that’s what I’ll always remember about him—apart, of course, from his Olympian extravagance. He was the prince of bad taste. He loved to shock. In fact, Gray, more than anyone I knew, embodied and symbolised all that was most offensive and juvenile in Monty Python. And his delight in shocking people led him on to greater and greater feats. I like to think of him as the pioneering beacon that beat the path along which fainter spirits could follow.

Some memories. I remember writing the undertaker speech with him, and him suggesting the punch line, ‘All right, we’ll eat her, but if you feel bad about it afterwards, we’ll dig a grave and you can throw up into it.’ I remember discovering in 1969, when we wrote every day at the flat where Connie Booth and I lived, that he’d recently discovered the game of printing four-letter words on neat little squares of paper, and then quietly placing them at strategic points around our flat, forcing Connie and me into frantic last minute paper chases whenever we were expecting important guests.

I remember him at BBC parties crawling around on all fours, rubbing himself affectionately against the legs of gray-suited executives, and delicately nibbling the more appetizing female calves. Mrs. Eric Morecambe remembers that too.

I remember his being invited to speak at the Oxford union, and entering the chamber dressed as a carrot—a full length orange tapering costume with a large, bright green sprig as a hat—-and then, when his turn came to speak, refusing to do so. He just stood there, literally speechless, for twenty minutes, smiling beatifically. The only time in world history that a totally silent man has succeeded in inciting a riot.

I remember Graham receiving a Sun newspaper TV award from Reggie Maudling. Who else! And taking the trophy falling to the ground and crawling all the way back to his table, screaming loudly, as loudly as he could. And if you remember Gray, that was very loud indeed.

It is magnificent, isn’t it? You see, the thing about shock… is not that it upsets some people, I think; I think that it gives others a momentary joy of liberation, as we realised in that instant that the social rules that constrict our lives so terribly are not actually very important.

Well, Gray can’t do that for us anymore. He’s gone. He is an ex-Chapman. All we have of him now is our memories. But it will be some time before they fade.

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Que hago yo aquí

Pues muchas veces me planteo esto. Sobre todo cuando miro a través de la ventana enrejada y veo la superficie de la isla quemada por el sol y la sal.

Es curioso, porque desde que he llegado aquí, no he olido el mar, y eso que ocupa casi la totalidad de lo que se puede ver desde mi ventana, pero no lo huelo. En cambio hay un olor como a quemado, a contaminación…

Los primeros días, el olor era más intenso, pero debo estar acostumbrándome a él. No se si viene de la cocina, que se encuentra en el extremo oeste o quizá sea que en el faro, el edificio más alto, en el extremo norte, quemen aceite para guiar a los barcos que navegan por la zona.

No voy a contaros toda la historia de por qué estoy aquí. Todos la sabéis. Al final he llegado a esta pequeña isla, frente a la costa de Alicante, junto con otros italianos, que también han venido a repoblarla. Ideas felices de nuestro rey (con minúscula).

Faro de Isla Planesia

Planesia debe medir unos 400 metros por la parte más estrecha, de norte a sur, y kilómetro y medio de este a oeste. Por el calor y la falta de lluvia, es imposible ver una sóla planta que no sean chumberas, uñas de gato y todo tipo de cactus.

Está claro, la isla se llama Planesia porque es como si la hubiesen alisado con una plancha muy grande. No hay playas, sólo acantilados, tan altos como el faro del norte.

Eso sí… el mar es de color azul intenso.

Hoy he dado mi primer paseo por la isla, y he visto muchas cosas. Ya os contaré…

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