El Colectivo Avocado


6 October, 2006

Historias corrientes

Filed under: Cuentos — Oskar @ 1:44 pm

Sujeto 1 se dirige a una ventanilla a para pedir un servicio X.

Sujeto 1: Hola, buenos días.

Silencio.

S1: Venía a pedir un servicio X.

Malandrín 1: Pffff, pues no sé si quedan panfletos W.

S1: ¿Perdone? .

M1: Oye, Malandrín 2, ¿quedan panfletos W?.

M2: Ni idea, esos para que sirven.

M1: Para el servicio X.

M2: ¿Eso no es en la ventanilla 2?.

M1: (a S1), creo que eso es en la ventanilla 2.

S1: ¿Está seguro?.

Silencio.

S1: Silencio.

M1: ¿Qué quería?.

S1: ¿Has visto Saw?.

Silencio.

S1: ¿Has visto Saw II?.

Silencio.

S1: ¿Has visto la película sin cortes?.

Silencio.

M2: (a M1) ¿Qué quiere ese?.

M1: ¿Quién?.

Silencio.

M1: Me voy a tomar café, ¿vienes?.

M2: Vale.

22 June, 2006

Breve cuento

Filed under: Cuentos — Oskar @ 8:04 pm

Imaginó que podía ver las cosas, que quieto allí entre las palomas y los niños podía distinguir los colores, las sonrisas, determinar si el cielo era el más azul que había.

Imaginó que podía escuchar sonidos, que las risas y las regañinas de los novios se mezclaban con la brisa entre los árboles. Que la música de aquel chaval que arañaba una guitarra era bella. Que le llegaban los susurros de los amantes al terminar la tarde.

Imaginó que podía oler, el aroma de la chica que se mantenía sola y con la mirada perdida en el banco que había enfrente de él. La mezcla de su pelo con el viento que se levantaba como queriendo acercar desesperadamente su olor antes de que se perdiera por el camino.

Y pensó en hablarla,en decirla que pensaba que era lo más bello, que compartir su risa sería para él todo, que levantarse cada mañana con ella al lado podría ser una fiesta diaria. O simplemente en quedarse callado a su lado, pero con un silencio que fuera el grito contenido de la alegría de saberla pendiente de sus palabras.

Y saboreó sus besos, aquellos que le daría al reencontrarse, cada noche al volver a casa, si pudiera hacer algo más que estar allí, con la mirada desafiante, quieto, inmóvil.

Pero nada cambió y tuvo que volver a ser inerte, y pensó que era una pena que nadie se fijara en ella, y que hubiera tanta gente frente a él que actuaran como estatuas.

23 February, 2006

Coño

Filed under: Cuentos, General, Periko — Periko @ 3:12 am

Un grupo de amigos que habían quedado en una plaza de una ciudad cualquiera. Ni la plaza ni el tiempo ni la ciudad ni el idioma en que se hablan tiene importancia para la historia.

 Una persona de la misma edad que el resto llega al grupo de amigos, que están hablando entre ellos

  - Perdonad por llegar tarde — dice el desconocido al grupo — y perdonad por interrumpir — dice al ver las caras extrañadas de los otros cinco.

 - hola, te podemos ayudar en algo? — dice H, el más alto del grupo y el que siempre responde en cualquier caso. H siempre habla cuando no debe. Eso dice I, su novia. I siempre se mete con H, aunque le quiera con locura.

- Hola, H., no me toques los cojones que llego estresao del trabajo, que todo el día hemos estado con movidas y no he parado. Dónde vamos a ir? os apetece ir al cine?

 - Perdona — (insiste H.) – ¿cómo sabes mi nombre? ¿quién eres?

- H, tio, que no me toques los cojones, hombre, que ya te digo que vengo estresao. Llevo un mes y medio sin parar por casa, y el viajecito ha sido de muerte, con un tío con un tatuaje en el brazo, hecho a mano, que ponía “Ciapeau”.

 - Oye, yo a tí no te conozco, tio. No me toques a mí los cojones.

Entonces es cuando la persona que se ha presentado a aquel grupo, que como sabemos o no sabemos está en una ciudad cualquiera a cualquier hora en cualquier plaza… mira a aquellas cinco personas y ve en su expresión que ellos no saben quién es el recién llegado que les habla tan familiarmente, y que se está metiendo con H. Aunque el que H se meta en problemas con un desconocido es algo que no les sorprende porque tiene ese raro don, y su novia, I, le quiera mucho a pesar de estos defectos que ella ve compensados por cosas que el resto también conoce.

 - A ver, H. Me estás diciendo que no me conoces?

- Creo que ninguno te conocemos ni sabemos quién eres, dice J, otro de los del grupo.

A esto la persona que se ha presentado al grupo, que como parece ser por cómo se están escribiendo estas palabras, es el protagonista de la historia, aunque no lo sabemos aún (llamémosle X), pone cara de extrañado y dice:

- Venga, joer, no os paséis.

 Y sacando su carnet de identidad, y tapando con un dedo su fecha de nacimiento (que aunque esté por el revés, X tiene mucha aprensión sobre que la gente sepa su edad), dice:

- Es que no reconocéis a X??? (dice con una sonrisa amistosa en la boca y citando su verdadero nombre, que posiblemente nunca sabremos, porque al autor de esta historia completamente ficticia le resulta bastante supérfluo citarlo o considera que es tarde y debería estar durmiendo, y hasta puede que no citarlo le resulte un bello giro literario o quién sabe, quizá el autor esté demasiado sordo y presenciase la historia y ahora se averguenza de no haber oido el nombre en el momento debido)

Ya las dos y cuarenta y dos

 - de dónde has sacado esa cartera, cabrón (dice K, señalando a la cartera de bolsillo de donde X ha sacado el carnet)

 - K, te estás pasando.

- Mira, no sé quien eres (dice K), pero tu no eres el de la foto, ni esa cartera es tuya, y vas a tener que dar muchas explicaciones.

 Es entonces cuando X se mira a un espejo de un comercio que hay en aquella plaza cualquiera de una ciudad que tiene nombre pero no sabemos, y dice entre dientes, mirándo la foto del carnet:

 - mierda de vida (a veces)

 

(nota del autor: porque hay veces que la vida, en ese camino que dice Oskar, te lleva y te trae y tu crees que eres quien sigue un camino. Y crees que, como X, vas hacia algún lugar más o menos previsto, pero que piensas con fé que alcanzarás…

Y un día descubres en el espejo que ni te pareces a la foto de tu dni de hace unos meses, y te vuelves a mirar en el espejo, entre el vapor que llena el cuarto de baño cuando X, que puedes ser tu mismo, al ducharse, provoca en el ambiente.

Y te preguntas que si ha merecido la pena. Y a veces dices que sí. Y a veces… que no.

Y guardas tu dni en tu cartera, y luego la cartera en el bolsillo.

Y te sigues afeitando.

Y un día más acaba de comenzar.)

 

Un abrazo, Oskar. Como bien sabes los planesianos y especialmente las musas, (y muy especialmente mi musa) espera la vuelta de los jueves amarillos.

17 February, 2006

Damocles y su espada

Filed under: Cuentos — Oskar @ 1:54 pm

Hace unos días, una de esas bromas que solemos gastarnos el amigo Periko y yo desembocó en la mención de una antigua historia, la de Damocles. Después de mencionarlo en la conversación, he de reconocer que me di cuenta de que realmente no tenía mucha idea de lo que realmente había hecho esta persona que tanto mencionamos en los momento de tensión.

El caso es que la historia de este hombre, más bien diría la leyenda, habla de que era un cortesano de la antigua Siracusa (Sicilia) bastante pelota con el tirano de la misma. El tirano Dionisos, harto de aguantar a Damocles diciendo constantemente lo dichoso que era por tener tanto poder y tanta gloria le invitó a pasar un día en su palacio disfrutando de todos sus privilegios.

En la cena que llevaron a cabo, Damocles recibió el trato de un rey, los mejores manjares y vinos, todos le adulaban, aquello le parecía maravilloso. Pero alzó un momento la vista y vio como sobre su cabeza había una espada colgada por tan solo un pelo de la crin de un caballo. Dionisos explico al horrorizado Damocles que así era su vida, que todos los días pendía sobre él la amenaza de la gente que quería derrocarlo, de la gente que quería que se equivocara, que su poder tenía unida la tragedia de cualquier paso en falso.

Y Damocles dijo que prefería ser un cortesano.

Yo prefiero quedarme en la mesa, aunque algún día caiga sobre mí la espada.

20 January, 2006

El día en el que el tiempo se detuvo

Filed under: Cuentos — Oskar @ 12:27 pm

Él cerró los ojos, y sintió como el aire frío entraba y salía de su cuerpo en cada suspiro, y sus manos parecían más torpes por momentos. Escuchó las olas, ajenas a cada momento, a cada escalofrío, a cada recuerdo cortante. En la boca un sabor metálico pero no del todo desagradable, el sabor de un lugar desconocido. Sintió su cuello relajarse por momentos, y como una corriente de agua caliente sus brazos se derramaron y sus pies se deslizaron por la arena. Cayó allí tendido, y pudo distinguir a lo lejos a las gaviotas, buscando qué comer en el acantilado. Se dio la vuelta y sintió en su cara los granos de playa abrazados a su cuerpo, y dejó por un momento de sentir que era alguien, para pasar a ser un recipiente de sensaciones perdidas por otros.

Después de todo, pensó, no somos más que una caja de Pandora en la que las sensaciones pugnan por salir para no tener pensamientos de melancolía. El mar comenzó a lamerle las puntas de los pies, pero no quiso moverse de allí. Quiso quedarse por siempre unido a ese sentimiento pleno de existencia de la vida por encima de los sentidos.

Dicen que se quedó allí por siempre, que está en el límite de tiempo que hay entre un segundo y otro. Dicen que cuando vas a la playa y tomas una caracola sus suspiros se confunden con las olas del mar. Dicen que siempre está, y que si te quedas allí quieto, podrás compartir con él un minuto, un segundo, un momento de tu vida pendiendo de un hilo.

23 November, 2005

Charcos ajenos

Filed under: Cuentos, OsKar — Oskar @ 4:21 pm

Cada mañana seguía el mismo camino al trabajo, pasaba por plaza Galicia y se adentraba en el casco antiguo hasta la plaza del Obradoiro, desde allí todo recto hasta llegar al campus donde ordenaba papeles, notas, gotas resbalando por la ventana de color gris cielo. Pasaba por allí como quien sueña con un viaje, sin pensar en lo que hacía, con la nube continua de su sonrisa perdida en las calles.

Y en las calles retumbaban los gritos de los locos,
vacíos de sol, de palabras, de caricias verdaderas,
y en esas calles en las que terminaban las ilusiones de otros,
se perdían sus razones día tras día.

Rutina, aguardiente, mujeres extranjeras, bocados de surrealismo, cómo ser indígena allá donde sólo llegan peregrinos, cómo no perderse allí donde todo es un encuentro, cómo pensar que puede existir un camino más allá del destino encontrado tras días largos de largos pasos.

Una mañana desistió, y se quedó tumbado en la mañana, a los pies de la catedral, llenándose de frío, con la cartera llena de papeles inútiles, los zapatos limpios y la camisa recién planchada, y la plaza le lloró encima todas las penas que había dejado, día tras día, solas entre las ilusiones y alegrías de los peregrinos. Empapado levantó la cabeza y pudo ver como unos niños se divertían sobre el agua de sus penas, chapoteaban sobre unos charcos que no eran suyos, sobre unos charcos ajenos.