Madrid – El Preso de la Isla Planesia

…en el archipielago de la emetreinta

Archive for December, 2008

El sol anular

Hay días en los que el sol aunque se esconde brilla, y te lo pasas bien mirando por unas gafas negras, helándote de frío, con tus compañeros despiojadores de ñús.

Y tu mente se despeja, y sólo esperas que la luna pase por delante del sol sin llegar a taparlo del todo. Sólo piensas en la luna pasando entre el medio del sol y la tierra. Ni notas realmente el frío que va creciendo ni tu culo helado sobre unas escaleras de piedra. Siendo testigo de un momento que no volverá a repetirse, y te gusta verlo con ellos.

Tomando el sol anular

Y te sientes… bien.

(Posteado originalmente el 6 de octubre de 2005)

Pd (09/04/2007): y a veces la vida es una mierda. Un beso, Claudia.

Pd2: y la vida a veces es la hostia de incomprensible. Gracias por tus dibujos, por tu buen rollo. Por todo. Un beso

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El pequeño altar

El Pequeño altar

Todos los dí­as los acabo -como buen planesiano que soy- en mi pequeño altar, adorando a mi dios, tan querido y tan odiado a la vez. Muchos dí­as recuerdo aquella poesí­a de Catulo, que cuando era estudiante, en Tabarka me aprendí­ de memoria.

Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Yo tampoco puedo evitar odiar y amar a mi dios de todos los dí­as. Él es quien te da de comer y te pone en contacto con tus amigos. Te aconseja sobre lo que dudas. Te enseña sobre las cosas que no sabes. Él forma parte de tu vida, desde luego.

Rezas porque tu dios no se enfade, porque nadie pise un cable en algún lugar del mundo y se vaya todo al pedo. Rezas porque no se queme la subestación eléctrica que sirve a tu isla y te encuentres ante el altar, rezando a tu dios sin que él esté ahí­ para escucharte porque haya salido a dar una vuelta por el parque.

Odias y amas a tu dios, como en el poema de Catulo, pero ahí estás, todos los días delante de él. Tiene su gracia que hasta hoy no me haya dado cuenta de que esto es un altar, y que todos los días le voy dejando ofrendas.

Le dejo café, eso siempre. Un libro que me recomendó un amigo. Unas gafas nuevas de pasta que ahora me pongo un día sí y otro no. El colirio con antibiótico que utilizo para los días que uso lentillas y se me ponen los ojos como dos rosquillas. Paquetes de tabaco, vacíos y sin estrenar. La película de Babel en edición especial de 2 DVD. Una vela con forma de corazón que me trae buenos recuerdos. Un perro hucha en el que confío mi futuro. Una receta del médico con antihistamínicos. Varios DVDs con fotos y películas. Las llaves…

Todas estas cosas se van quedando ahí delante del altar. Creo que si lo metiésemos todo en una picadora, y lo picásemos todo muy bien picadito, como para puré, seguro que salía un Pietro por algún lado. Desde luego se parecería a mí en lo puré que estoy hecho después de este mes en el que he trabajado como un perro y me ha pasado de todo.

Al menos piensas que el dí­a ha salido bien y las últimas batallas indican que la guerra va bien. Has apagado los fuegos que casi prenden en las torres de tu fortaleza. Has mandado a tus mejores soldados a preparar un texto tan bueno que, tras leerlo a las tropas enemigas haga que una tras otra sus fortalezas se rindan sin lucha ni asedio. Porque dice Sun Tzu que un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas sin batalla, y tu te lo crees porque te apetece.

Porque hay dí­as que, sentado frente a tu altar y las ofrendas, oyendo en bucle las canciones más tranquilas de los Smashing Pumkings, la música de la melancolía y la infinita tristeza te invade y te sientes realmente… bien.

…and the world is etched upon your heart
and the world so hard to understand
is the world your can’t live without
and i knew the silence of the world

Me voy a la cama. Por fin estoy de vacaciones. Ya era hora.

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El cuento que quiso ser poesía

Tengo un cuento que quiso ser poesía.

Quería rimar, ajustarse a una métrica.

A un ancho de línea.

Quería cambiar sus párrafos por versos.

Soñaba con ser leído con calma, memorizado.

(¿Nadie memoriza un cuento, no?)

Soñó con alguien recitando sus sílabas al oído de otra persona…

Por esto, recortó sus párrafos.

Adelgazó todos los días una letra, una sílaba.

De aquí quitaba un verbo, otro día, el complemento indirecto…

Al final, descubrio que no podría ser poesía.

Que tan sólo sería un cuento.

Este cuento

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Saint Pierre et Miquelon

Sin acento. Porque si lo pusiese con acento sería miguelón. O mikelon (también sin acento).

Bandera de este sitio

Saint Pierre et Miquelon es una isla de estas raras que existe por el mundo, y que nadie conoce, salvo por una de esas casualidades raras que hace que te cruces con ella en la vida. En mi caso fue un dominio, ya que tiene un rango de ips propias para un dominio, el .pm. (muy útil para direcciones tipo: verelfutbolconlosamigosestade.pm)

Esta isla de 242 km2 y escasos 7.000 habitantes, se sitúa junto a la costa de Canadá, y su población tiene origen… vasco ! Bueno, vasco-francés. Los principales colonizadores fueron pescadores de San Juan de Luz, y por esto el que tenga una ikurriña en su bandera (bandera no oficial, ya que su bandera oficial es francesa).

El territorio legalmente pertenece a francia, como una colectividad territorial, y aunque no sea parte real de Francia sus habitantes se sienten franceses a tope. Incluso parte del suelo de la isla fue traido desde francia en barcos.

Lo sorprendente es que allí juegan al soga-tira y a la pelota vasca

Fotos de la isla, de un turista, en las que se ven los frontones y la soga-tira.

Frontón en miquelon, la frase dice zazpiak bat los siete en uno

Y esta foto está en su web de turismo. En la foto vemos un frontón que pone: “Zazpiak Bat”. Zazpiak Bat se traduce literalmente como los sietes uno. Esto hace alusión a los territorios históricos vascos (que son siete), son uno sólo (euskadi).

Qué, flipáis, amiguetes, ehhhh? pues esto, al lado de terranova. Increible, pero cierto.

Y de qué vive? entre otras cosas, aparte de lo mucho que aporta Francia, vive, como todas las islas / estado tan pequeñas como esta, de los sellos.

La isla también ha tenido una peli cuya acción ocurre en esta isla: La viuda de saint pierre, intepretada por juliette binoche (que supongo que será otra de esas pelis francesas en las que gesticulan mucho)

Como véis, los españoles, dejando huella.

Y más información, en wikipedia, por ejemplo

Actualizado: un usuario de meneame.net me hace ver esto también:
“No es la única, en la costa atlántica canadiense y debido a que los vascos iban a pescar a Terranova hay un gran interés por lo vasco. Ejemplo: Parque de la Aventura Vasca: www.paba.qc.ca/paba/index.html
Más lugares: www.muturzikin.com/euskalgary3.htm

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La maniobra kookaburra

Érase una vez, cuando era pequeño, dos de mis hermanos me regalaron un boomerang. Uno de madera, tan grande como mi antebrazo. No sé si conocéis cómo funciona un boomerang: se tira contra el viento, y el boomerang gira y gira hasta que o tropieza contra algo o vuelve a tu mano.

Así que mi padre, tras ver el invento me dijo: Pietro, esto hay que probarlo, vayamos al campo y lo lanzamos

Dicho y hecho. Nos montamos los dos en su lancha de remos personal y nos fuimos al campo. Allí saqué las instrucciones que venían con el boomerang.

Estas instrucciones definían 7 tipos distintos de tiro, desde el primero que hacía volver el boomerang tras describir un círculo perfecto… hasta la maniobra Kookaburra. Esta hacía girar el boomerang dos veces en el cielo, cruzándose las trayectorias de ambos giros… y el bóomerang terminaba en las manos del lanzador.

aún guardo las instrucciones

Así que me puse cara al viento, y le pregunté a mi padre: cuál hago? la maniobra kookaburra me gusta.

“Primero lánzalo, y que llegue a tu mano. Cuando hayas conseguido eso prueba las otras”.

Perfecto, intentaría eso primero. Así que lancé el bóomerang, y… fue directamente al suelo. Pero sin girar sobre sí mismo ni nada. Al suelo. Pensé: qué estoy haciendo mal? Leí las instrucciones, y ahí todo parecía sencillo: coger el boomerang por la punta, tirarlo…

Lo lancé una segunda vez, y no fue al suelo, pero tampoco giró… se limitó a ir en línea recta hasta caer 100 metros más allá.

Después de este segundo lanzamiento hubo un tercero, un cuarto, un quinto…

Volvimos a la semana siguiente, y a la siguiente, y a la siguiente… estuvimos yendo tres años seguidos a tirar el boomerang. Aquello nos divertía. Tenía su gracia ver como aquél instrumento cabrón se nos resistía. A veces tiraba mi padre, a veces yo… hasta que un día, el boomerang hizo un vuelo raro (muy alejado de lo que era la maniobra kookaburra), y cayó al suelo desde 30 metros de altura. Se resquebrajó y me dió pena volverlo a tirar, por si se partía del todo.

Recuerdo perfectamente aquel día. No dijimos nada ninguno de los dos en el viaje de vuelta a casa, pero a pesar de no haber conseguido que volviese ni una sola vez a mi mano (miento, una vez volvió con tanta velocidad que casi me abre la cara, menos mal que me agaché a tiempo), estabamos contentos por haberlo intentado.

Así que desde entonces, cuando me planteo hacer algo difícil, primero pienso en si he hecho todo lo fácil que se puede hacer antes. Recuerdo el consejo de mi padre, y hago las maniobras Kookaburras cuando estoy preparado para hacerlas.

Y a eso vamos. Va por tí.

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