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Madrid – El Preso de la Isla Planesia

…en el archipielago de la emetreinta

Archive for September, 2008

Los ascensoristas

No sé si en este pergamino os he hablado ya de los ascensores. No sé si lo habré llamado de otra forma y está por alguna de las 300 entradas del pergamino. Quizá sí, pero vamos a retomar el tema. Hoy estoy de mala leche y leí por ahí que es la mejor forma de perder lectores de un pergamino: escribir estando cabreado. Pero vamos allá:

Qué es un ascensor?

Bien, esto hay que definirlo con calma.

Mirad, hay personas que son ágiles, jóvenes, delgados y hasta guapos, que suben las escaleras de los túneles subterráneos del condado a pie. Un extremo de esto son los que los suben corriendo. Qué ilusión, qué destreza, qué ganas de comerse el mundo tienen !!! qué ganas a veces me entran de que se coman los escalones en una de esas carreritas, raspando sus incisivos contra la banda de papel de lija en la que acaba cada uno de los escalones.

Luego están la mayoría. Los que juegan al “ya llegué yo primero”. Aquí hay también dos clases. Los que siguen las normas al pie de la letra y son felices adelantando por la izquierda a la otra clase, que suben al ritmo de la escalera de caracol. Ya he visto desde que llegué al condado dos casos de vencedores del “ya llegué yo primero”: competidores veloces que suben las escaleras de caracol a toda leche, y cuando llegan arriba les da un desmayo y se caen al suelo.

Es curioso ver como en esta ciudad el instinto provoca más el que ni cliff se pare a ayudarles que el ser moderno y que te arrollen tus 100.000 congéneres del metro.

Y la tercera clase somos los renegados sociales que vamos en ascensor. Los que deseamos que existan teletransportadores que nos lleven desde lo más profundo de los túneles hasta el nivel de la calle. Pero total, para cuando los inventen será mucho más sensato el que nos lleven desde el sofá de casa al sofá del cine y del sofá del cine al de casa. Pa qué más.

Yo ya no juego al “ya llegué yo primero”, sino que me sé todos los ascensores del condado, y cuál tomar para que el camino al túnel subterráneo correspondiente sea el más corto. Lo malo es que igual que tú, el resto de emetreinteños se conocen estos ascensores.

Parribapabajo

Y aquí están los personajes de los que voy a hablar hoy. Son peores que los C.A.P.U.L.L.O.S. que puedes encontrar frente a las puertas de cualquier barca de remos (CAPULLOS=Colocado Ante Puerta Lateral y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando), estos son realmente peores que los capullos.

Son los A.S.C.E.N.S.O.R.I.S.T.A.S. (Al Subir Consiguen Entrar No Sólo Obstaculizando Repetidamente e Incordiando y Sodomizando, Tambien Apestando a Sudor).

Todos conocéis a estos personajillos, a los ASCENSORISTAS. Son esos que cuando estás esperando al ascensor hacen lo siguiente:

Posición uno: estás el primero en una cola (cómo les gusta hacer cola en este condado), que espera a que llegue el ascensor a tu planta. Estás el primero en la cola y ellos se cuelan por tu izquierda o derecha y si hay dos botones de llamada (uno para el ascensor de subida y otro para el ascensor de bajada), pinchan el que no está iluminado.

Ascensor

Resultado de la posición uno: te montas en el ascensor y apareces en el sótano cuando tu intención era subir a la planta ático. Miras al Ascensorista en el cogote y en los miles de segundos que tarda el ascensor en cerrarse y devolverte a la planta baja (el sube también al ático, en el sótano sólo está el parking), desearías que tu mano y tu brazo fuesen lo suficiéntemente rígidos para atravesar su espalda en busca del corazón (si es que lo tienen, que no está comprobado).

Posición dos: entran los primeros al ascensor y nada más entrar se quedan plantados al lado de la puerta y junto al conjunto de botones, obstaculizando repetidamente e incordiando y sodomizando.

Después de que el resto de la gente les esquive para entrar, llaman a su planta y se colocan delante de los botones, impidiendo ver al resto a qué piso van. Los demás tratan de dar a los botones como pueden, mientras intentan esquivarle para entrar o desde el fondo, pasando peligrosamente cerca del arma secreta de los ascensoristas: el sobaco sudao.

Por cierto, cuando los ascensoristas se hacen mayores, sodomizan a otros ascensoristas, pero de una manera más fina, diciendo una y otra vez: yo voy a la planta tercera. Ha pinchado en la planta tercera? seguro? pero está iluminada? (el botón suele fallar en estos casos) que yo voy a la tercera, la tercera planta. Ha pinchado ya? seguro? estamos subiendo o bajando? es la tercera planta? seguro?

Suelen salir los primeros del ascensor. Y es que en muchos casos aquí se entiende la parábola esa de que “los últimos serán los primeros”.

Voto por exterminarlos una vez que hayamos acabado con las palomas.

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La gente que contaba con los dedos

Cuando era pequeño, en tabarka, estudié la carrera de económicas

Una carrera es lo que te entrena para que de mayor seas capaz de correr bien por los túneles subterráneos de camino a tu trabajo. Te enseñan correr en condiciones. Que de eso se trata la vida, echar carreras pa que no te pillen. (eso dicen).

En mi carrera, los profesores trataban de evitar a toda costa que aprendiésemos a contar las cosas de memoria, con nuestra cabecita. Nada de cabecita, que solo hay una. Cuenta con los dedos, que tienes muchos. Por eso los años se medían con los dedos de la mano. Cuántos días hay entre el 8 de agosto de 1998 y el 30 de septiembre de ese año? Actualizad una renta perpetua en progresión aritmética…

Eso lo ponían en un papel de examen que estaba bocabajo, y a una señal del profesor, podías ver a cientos de estudiantes en el examen, en aquella aula enorme, dejando sus calculadoras a un lado, y contando con los dedos. Dedogordo, índice, mediano este, anular, meñique… paso a la otra mano…

Conmigo lo consiguieron a tope, que tampoco digo que tuviesen difícil “re-educarme”, ya lo sabéis los pocos que leéis este pergamino sin saltaros las líneas y resistiendo con dos huevos a leer lo que pongo. Así el medir cuántos meses van desde diciembre de 2004 a septiembre de 2008, que es el tiempo que llevo cumpliendo mi condena en esta isla, lo estoy midiendo con los dedos de las manos. Y me faltan dedos, mira tu por donde.

Pero claro, aquí está el truco del almendruco… porque… ¿eres tu de los que cuentan los dedos dos veces o una?

Más claro: eres (a) de los que empiezas a contar con la mano cerrada y vas sacando dedos, en plan: gordo, indice, el dedo del medio, y luego anular y meñique (que esos salen juntos hagas lo que hagas)… o eres (b) de los que cuentas los dedos de una mano con el índice de la otra: señalo gordo, señalo índice, señalo este del medio…

En cualquier caso, el problema está cuando ya no te quedan dedos de las manos para contar. Entonces tienes que recurrir a marcas en el papel. undostrescuatrocinco…diez, rayita, undostrescuatro…diez otra rayita.

A ver que ves en la foto
Si ves en la foto un brick de Lauki, es que eres de planesia, si crees que hace mucho frío con la nevera abierta, eres de la emetreinta.

Resumiendo: ya no puedo contar los meses que llevo aquí con los dedos de mis manos.

Y estoy muy bien en las zapatillas que son tres números más pequeñas que mi pie y que llevo siempre por casa porque me da la gana y porque me traen recuerdos, y lo que no me va a dar la gana es contar con los dedos de los pies.

No porque no pueda comprimirlos contra la palma del pie o la planta del pie (que sí que puedo, por cierto).

Y no porque no pueda señalarlos uno a uno con el índice de una mano o con el dedo gordo del pie, (porque el dedo gordo del pie hace las mismas funciones que el dedo índice de la mano): dedo gordo, otro pequeño, otro del medio, otro, el guisante ese del extremo, cambio de pie, dedogordo…

No voy a contar con los dedos de los pies.

Llevo mucho tiempo aquí, tantos meses que no es que pueda contarlos con los dedos de una mano, es que no puedo contarlos ni con los de dos…

Ni con los pies.

Y ya no se si eso es bueno o es malo. Si lo que tenía antes era mejor o que lo que tenía era una mano de años menos. No lo sé.

Simplemente sigo aquí, en mi nueva celda, donde las barcas se oyen lejos, y la luz invadiría toda la estancia si no fuese porque es de noche, y no hay luna, y además tengo las persianas abajo.

Y es que se hace tarde ya. O se hace noche. Y hoy estoy especialmente cansado. Asqueado. Algo me pusieron en el menú del día que me amargó entero. Habrá que echarle mucho más picante a las cosas para poderse comer este platito que me como todos los días.

Y me voy a dormir. Entre mi silla y la piltra debe haber como 6-7 pies de los de mi tamaño. Otro día hablaré de esto. Hoy… se hace tarde. O noche. O simplemente que estoy cansado de ciertas cosas y es mi forma de expresar lo que pienso. Otros hacen dramas. Yo hago esto.

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Restaurante Al Dente

Últimamente voy a cenar mucho por ahí. Como ya comenté, tengo más tarjetas de restaurantes que de contactos profesionales, lo cual me genera muchas dudas sobre mi competencia y una pancilla de buda muy mona.

Nota:leído dos años después esto tiene su gracia

Lo bueno es que a partir de cierta edad tener cierta panza es sinónimo de felicidad. Lo malo es que pasados ciertos años, la panza es un sinónimo de riesgo de infarto. Así que me encuentro en un dilema, como buen planesiano: ¿Es que estoy de buen año?

A lo que iba: el otro día fui a cenar con la musa por Isla Pozo pequeño, y… muy bien… fantástico. Aún tengo lágrimas en los ojos de lo bien que cenamos. Y por 34 euros… Dios, la mejor comida Italiana que he probado en mucho tiempo.

El sitio se llama “Al Dente“, y está en la calle Hospital 74, en Pozuelo de Alarcón. Cerca del ayuntamiento, del tanatorio y del centro de salud. (menudas tres referencias de mal rollo he puesto, no?). El teléfono es el 91 715 76 09. Con prefijo 34 si llamas desde fuera del condado.

Al Dente = Comida italiana de verdad. Por lo visto el cocinero es el marido de la camarera y es un italiano auténtico. Uno de esos que le gusta el fútbol y el aceite de oliva. Como un español pero gesticulando más con las manos, vaya. Y cómo cocina… son las dos de la mañana, han pasado 24 horas y estoy aquí salivando, al recordar ese panzerotti

El local es muy pequeño. Calculo yo que tienen sitio para 30 personas como mucho. Mesas de madera, y servilletas y manteles de papel (digo esto por si lo lee uno que yo me sé, que a mí lo de las servilletas y manteles de papel me da igual, porque este sitio la comida está tan buena que… como si nos sirven subidos en zancos).

De primero comimos una provoletta… riquísima. Un tomate casero tenía… dios… otra vez salivando, voy a dejar el teclado inservible. Con un pan de estos con forma de espaguetti (¿se llaman grissini?), y un queso con mucho sabor.

provoletta

Luego pedimos una pizza alla arrabiata (queso, peperoncino, aceite picante, otra vez el tomate casero…) y unos panzerotti de pera con salsa de queso. El contraste de los panzerotti entre la pera (dulce) y el queso… de flipar. Y la pizza estaba quebradiza, sabrosa… por qué los de telepizza no harán las pizzas como dios manda…

Pizza

De postre pedimos una tarta de galletas borrachas en café (si es que las galletas se ponen turcias con el café) y nata. Riquísima.

A favor, el sabor de todo, el precio. En contra, que no hay carta… y eso a mí no me mola mucho. Que hay los platos que el cocinero haya querido hacer hoy y haya en el mercado, y nadie te dice el dinero que vale cada uno, sino que te los canta la camarera. Así que después de haber ido a “Il Gusto“, y haber sido asaltados a mano armada y con saña – creo que si hubiese tenido un diente de oro, se lo habrían llevado también- uno anda preocupado cuando come en un italiano cosas tan ricas sin saber lo que valen. (nota, soy un hipócrita, que en “Il Gusto” pagó mi hermano Nacho).

34 euros por todo. 2 euros el pan (tomamos 4 bolsas de pan entre dos personas, además de media hogaza que se fué con la provoletta) 8,50 la provoletta, 9,50 la pizza, 10,50 el panzerotti y 3,50 la tarta.

No digo que “Il Gusto” sea peor, no, pero que os inviten, eh? porque la pasta (trigo) tampoco es que valga la pasta (money) que vale allí.

En resumen: Al Dente es muy recomendable.

Abren 13h a 16h y de 20.30h a 23h. Cierran sábado mediodía y domingo completo. Calle Hospital 74, Pozuelo de Alarcón, Madrid, 91 715 76 09

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