En el frigo

Tuesday, February 3rd, 2009

Están todas las aceitunas negras nerviosas en su lata abierta, intentando asomarse al borde para ver lo que pasa. No dejan de oir ruido, y saben que algo se prepara.

Al final una de ellas, trepando entre el vinagre y aupada sobre sus compañeras, descubre lo que pasa:

El protagonista es el salmón, al que le han descongelado ayer por la noche, y que está desangrándose lentamente sobre un plato. Todos sus compañeros del frigo le envidian, porque hoy será el plato central de la comida… pero él no las tiene todas consigo. Este trozo de salmón recuerda a un compañero suyo, al que descongelaron hace unos días, y que murió desangrado en un plato muy parecido al suyo. El dueño tuvo que salir a trabajar urgentemente, y no pudo cocinarlo a tiempo.

Así que el salmón tiene mucho miedo y no dice ni mú y no dice ni pío, que no quiere que le confundan con sus vecinos del congelador, el filete de ternera y la pechuga de pollo (a pesar de que el congelador mezcla mucho los olores).

A la escarola y a la lechuga lollo rosso las han puesto juntas, aunque no se soportan. La lollo rosso es que viene de una familia pija italiana y la escarola no hace más que echarse ajo por encima. Dice que es el perfume que mejor le va. Una y otra no paran de decirse cosas que harían ponerse rojas a las gambas si no fuese porque están dormidas todas juntas en el congelador, espalda contra pecho.

Los tomates de canarias, que ya vienen rojos de por sí, mantienen una formación perfecta sobre la bandeja del super en la que les pusieron hace días. Son todos iguales, de la misma forma y tamaño. Son los más valientes del frigorífico. Este pelotón de casacas rojas se prestará voluntario a salir en misión de reconocimiento, sin miedo a ser despedazados por los cuchillos afilados del exterior.

Tomates

Junto a ellos están las cebollas. Saben que alguna de ellas caerá hoy en la sartén, pero se sienten muy queridas, porque siempre las cortan llorando.

Y en un lateral está la botella de ron, a la que los kiwis dicen que no hay horno en esta casa, y que se olvide de participar en cualquier postre con bizcocho. Ella no deja de decir que se beberá a sí misma hasta olvidar no sólo eso, sino mucho más.

Por fín se abre la puerta del frigorífico, y uno de los tomates sale a la carrera, mientras que el jefe del pelotón, que tiene una pequeña pegatina ovalada sobre su pecho, grita a sus compañeros de escuadrón: “fuego de cobertura”

Es inutil. Todos los tomates se miran unos a otros y al final uno dice: “nos han quitado a todos los rabillos, mi señor. No podemos hacer nada”.

El tomate jefe asiente con solemnidad, y les dice a su tropa: “descansen”… sabe que la suerte está echada, así que se va a por la lechuga y la escarola, que al verlo llegar se quitan los tallos llenos de tierra y las hojas más feas. Algo les dice que hoy ligarán.

El autor: Pietro Occhiata



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