Preso sin cadena

Sunday, June 15th, 2008

Es curioso. Por lo menos para mí. En estos días que voy de lado a lado y no paro, es curioso cómo sigo siendo un preso. Y me miro a ver si tengo grilletes, pero no, la verdad, no veo ninguna cadena, ni nada de esto.

Sí que es cierto que cuando tengo que ponerme delante a escribir algo, noto así como una cosa pesada y dura en el cuello. Y me miro al espejo… pues no, ahí no hay nada, eh? no veo ni cadenas ni nada parecido que esté sobre mi cuello.

También me pasa alguna mañana, cuando tengo que salir al trabajo, a despiojar ñús. Noto otra vez la cadena, tirando de mí. Si es que muchos días cuesta ponerse en pie al lado de la cama. Me siento en el borde del colchón… me miro en el espejo que hay ahí cerca… y de verdad, que no hay nada atado a los pies, no no.

Pero que también es a la vuelta. Como si me hubiesen prohibido el paso a varias estaciones de metro. Qué cosas. Y me tengo que ir dos, tres estaciones más arriba de la línea, a ver si en alguna consigo entrar y volver a casa.

Esos días que voy rodeado de gente en los túneles subterráneos. Que saco todas esas nuevas ideas para escribir aquí y que luego nunca uso, como en el túnel del otro día, que oía los tacones de al menos 15 mujeres. 30 tacones golpeando el suelo, como una carga de caballería. Me digo: bueno, esto le doy una vuelta, lo escribo así con gracia, hilado con un par de historias… Y no estoy preso, pero alguien me requisa las ideas, de verdad. Como a los presos les requisan las cartas. A veces me alegro, de verdad, porque la de los cascos como véis es de lo más estúpido.

Number 6

Y vuelo de un lado a otro, incluso a otros países. Nada me para salvo los controles policiales de los aeropuertos, y con sólo enseñar el pasaporte ya paso. Si no tengo nada que me evite moverme de un lado a otro, no.

Es gracioso, ya digo. Al menos para mí. Completamente preso. Allá donde voy me llevo la cárcel a cuestas.

El lunes me meten un tubo por la boca para revisar el número 6 y una hora antes de que esto pase, me revisan el número 5. A ver qué tal. Esto va a ser la salsa de los kebaps. Que lo digo yo.

El autor: Pietro Occhiata



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