Archive for the ‘Lo mejor de la Isla’ Category
Sunday, October 19th, 2008 |
(O de cómo sobrevivir en el metro)
____________________________________________
Me llegó el otro día el manual de ya llegué yo primero a casa, y es que no puedo dejar de leerlo. No hago otra cosa desde hace días, porque hay días muy muy duros, y están siendo los campeonatos… y todo así de mal.
Os voy a contar las normas que utilizamos para el juego en equipos:
Para jugar en equipos no os creáis que es necesario conocerse. De hecho mola mucho más el juego cuando todos somos desconocidos y nos miramos con cara de odio.
Parte 1: preparación para el juego.
Cuando estás esperando a la barca de remos, en el momento de hora punta, tienes que ir por todo el embarcadero buscando tu sitio. Cuál es el sitio de cada uno es algo que sólo la experiencia te indica. Evidentemente, el mejor sitio es aquel que, cuando te toque desembarcar, haya quedado más cerca de las escaleras de caracol. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, siempre coincide que si te subes en el punto A, la barca para en ese mismo punto A del embarcadero de destino.
Este es el primer punto de fricción en el juego (que es un juego pelín violento, ya os digo), y siempre hay algún despistado que se pone delante de tí cuando estás esperando la barca de remos. Intentará ocupar las últimas plazas disponibles que den acceso a ese puesto privilegiado, pero si tu haces una maniobra kaspersky perfecta, ganarás la posición de apertura, que no tiene por qué ser mala.
Parte 2: durante la travesía.
Durante la travesía, y a pesar de que los remeros se lo curran bien, siempre suele haber olas que zarandean la barca de remos, así que lo mejor es agarrarse a cualquier parte que sobresalga de la barca.
Mucha gente intentará noquearte con su olor corporal, colocando su sobaco cerca de tu nariz, pero ahí es donde tienes que aguantar. Un truco que alguien me ha confesado como infalible es llevar una alimentación rica en leguminosas (alubias, lentejas…), aguantar los pedos hasta estar dentro de la barca de remos, y ahí soltarlo todo todo todo. Al fin y al cabo, a todos nos huelen bien nuestros propios pedos, pero no creo que los demás puedan decir lo mismo.

Foto de una barca de remos en hora punta
Parte 3: ya estamos llegando…
Todas las barcas de remos llevan un vociferador que anuncia las competiciones. Mi competición se llama “Avenida América”. También anuncian los puntos que corresponden al primero, segundo y tercer clasificado. En el caso de “Avenida América”, corresponden 7, 6 y 4 puntos respectivamente.
Como véis, el embarcadero en el que participo es de primera división, y no como otros, que dan un punto al primero o incluso nada.
En cuanto el vociferador dice: Avenida América, correspondencia con 7, 6 y 4, se producen los primeros movimientos dentro de la barca. Los jugadores que se encuentran más alejados de la puerta de desembarque se ponen nerviosos e intentan distraer al resto, con palmaditas en la espalda, y frases como: “va a bajarse ahora” “se baja ahora”??
Pues claro que voy a bajarme ahora!!! qué creías, que iba a dejarte pasar??? Todo eso un jugador experto puede decirlo con una simple mirada de odio, sin tener que abrir la boca.
Y por fin… el embarcadero. El juego está a punto de comenzar. Aquí toma especial importancia la figura del “abridor”.
Parte 4: la estampida inicial
El abridor lo reconoceréis enseguida. Es la persona encargada de abrir la portezuela de desembarco. Es muy fácil identificarle porque en todos los desembarcos es el que más cerca está de la puerta, pero sólo se encarga de abrirla cuando llega el puerto en el que él va a participar.
Cuando la lancha se detiene, se produce la estampida. Todos miramos hacia el abridor, y él tira del mecanismo que abre la portezuela… y… bang !!!
Normalmente el abridor es quien primero choca con los obstáculos humanos. Estos obstáculos son las personas que se Colocan Ante Portezuela Ubicándose Lateralmente y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando. Son los (más conocidos por sus siglas) C.A.P.U.L.L.O.S.
Así, la estampida inicial se ve inicialmente frenada por los CAPULLOS que esperan en el embarcadero, con cara de no entender la que se les viene encima. Muchos de ellos, por cierto, se sirven de elementos físicos como carritos de niños, maletas, baules, la suegra…
Como os contaba, el abridor es el primero que choca con uno de estos CAPULLOS, mientras los demás pasamos por encima de su cuerpo caido, procurando pisar fuerte pa que no se levante. Con el periódico que todos llevamos bien apretujao, conviene ir repartiendo guantadas entre los CAPULLOS para abrirte paso hacia la escalera de caracol…
UUUUhhhuuu !!!
Empieza el juego !!!
(continuará…)
Posted in Actualidad y pasado del archipiélago, Lo mejor de la Isla, Los extraños planesianos | 10 Comments »
Sunday, September 28th, 2008 |
No sé si en este pergamino os he hablado ya de los ascensores. No sé si lo habré llamado de otra forma y está por alguna de las 300 entradas del pergamino. Quizá sí, pero vamos a retomar el tema. Hoy estoy de mala leche y leí por ahí que es la mejor forma de perder lectores de un pergamino: escribir estando cabreado. Pero vamos allá:
Qué es un ascensor?
Bien, esto hay que definirlo con calma.
Mirad, hay personas que son ágiles, jóvenes, delgados y hasta guapos, que suben las escaleras de los túneles subterráneos del condado a pie. Un extremo de esto son los que los suben corriendo. Qué ilusión, qué destreza, qué ganas de comerse el mundo tienen !!! qué ganas a veces me entran de que se coman los escalones en una de esas carreritas, raspando sus incisivos contra la banda de papel de lija en la que acaba cada uno de los escalones.
Luego están la mayoría. Los que juegan al “ya llegué yo primero”. Aquí hay también dos clases. Los que siguen las normas al pie de la letra y son felices adelantando por la izquierda a la otra clase, que suben al ritmo de la escalera de caracol. Ya he visto desde que llegué al condado dos casos de vencedores del “ya llegué yo primero”: competidores veloces que suben las escaleras de caracol a toda leche, y cuando llegan arriba les da un desmayo y se caen al suelo.
Es curioso ver como en esta ciudad el instinto provoca más el que ni cliff se pare a ayudarles que el ser moderno y que te arrollen “tus 100.000 congéneres del metro“.
Y la tercera clase somos los renegados sociales que vamos en ascensor. Los que deseamos que existan teletransportadores que nos lleven desde lo más profundo de los túneles hasta el nivel de la calle. Pero total, para cuando los inventen será mucho más sensato el que nos lleven desde el sofá de casa al sofá del cine y del sofá del cine al de casa. Pa qué más.
Yo ya no juego al “ya llegué yo primero”, sino que me sé todos los ascensores del condado, y cuál tomar para que el camino al túnel subterráneo correspondiente sea el más corto. Lo malo es que igual que tú, el resto de emetreinteños se conocen estos ascensores.

Y aquí están los personajes de los que voy a hablar hoy. Son peores que los C.A.P.U.L.L.O.S. que puedes encontrar frente a las puertas de cualquier barca de remos (CAPULLOS=Colocado Ante Puerta Lateral y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando), estos son realmente peores que los capullos.
Son los A.S.C.E.N.S.O.R.I.S.T.A.S. (Al Subir Consiguen Entrar No Sólo Obstaculizando Repetidamente e Incordiando y Sodomizando, Tambien Apestando a Sudor).
Todos conocéis a estos personajillos, a los ASCENSORISTAS. Son esos que cuando estás esperando al ascensor hacen lo siguiente:
Posición uno: estás el primero en una cola (cómo les gusta hacer cola en este condado), que espera a que llegue el ascensor a tu planta. Estás el primero en la cola y ellos se cuelan por tu izquierda o derecha y si hay dos botones de llamada (uno para el ascensor de subida y otro para el ascensor de bajada), pinchan el que no está iluminado.

Resultado de la posición uno: te montas en el ascensor y apareces en el sótano cuando tu intención era subir a la planta ático. Miras al Ascensorista en el cogote y en los miles de segundos que tarda el ascensor en cerrarse y devolverte a la planta baja (el sube también al ático, en el sótano sólo está el parking), desearías que tu mano y tu brazo fuesen lo suficiéntemente rígidos para atravesar su espalda en busca del corazón (si es que lo tienen, que no está comprobado).
Posición dos: entran los primeros al ascensor y nada más entrar se quedan plantados al lado de la puerta y junto al conjunto de botones, obstaculizando repetidamente e incordiando y sodomizando.
Después de que el resto de la gente les esquive para entrar, llaman a su planta y se colocan delante de los botones, impidiendo ver al resto a qué piso van. Los demás tratan de dar a los botones como pueden, mientras intentan esquivarle para entrar o desde el fondo, pasando peligrosamente cerca del arma secreta de los ascensoristas: el sobaco sudao.
Por cierto, cuando los ascensoristas se hacen mayores, sodomizan a otros ascensoristas, pero de una manera más fina, diciendo una y otra vez: yo voy a la planta tercera. Ha pinchado en la planta tercera? seguro? pero está iluminada? (el botón suele fallar en estos casos) que yo voy a la tercera, la tercera planta. Ha pinchado ya? seguro? estamos subiendo o bajando? es la tercera planta? seguro?
Suelen salir los primeros del ascensor. Y es que en muchos casos aquí se entiende la parábola esa de que “los últimos serán los primeros”.
Voto por exterminarlos una vez que hayamos acabado con las palomas.
Posted in Actualidad y pasado del archipiélago, La Emetreinta en Guerra, Lo mejor de la Isla, Los extraños planesianos | 6 Comments »
Tuesday, September 23rd, 2008 |
Cuando era pequeño, en tabarka, estudié la carrera de económicas
Una carrera es lo que te entrena para que de mayor seas capaz de correr bien por los túneles subterráneos de camino a tu trabajo. Te enseñan correr en condiciones. Que de eso se trata la vida, echar carreras pa que no te pillen. (eso dicen).
En mi carrera, los profesores trataban de evitar a toda costa que aprendiésemos a contar las cosas de memoria, con nuestra cabecita. Nada de cabecita, que solo hay una. Cuenta con los dedos, que tienes muchos. Por eso los años se medían con los dedos de la mano. Cuántos días hay entre el 8 de agosto de 1998 y el 30 de septiembre de ese año? Actualizad una renta perpetua en progresión aritmética…
Eso lo ponían en un papel de examen que estaba bocabajo, y a una señal del profesor, podías ver a cientos de estudiantes en el examen, en aquella aula enorme, dejando sus calculadoras a un lado, y contando con los dedos. Dedogordo, índice, mediano este, anular, meñique… paso a la otra mano…
Conmigo lo consiguieron a tope, que tampoco digo que tuviesen difícil “re-educarme”, ya lo sabéis los pocos que leéis este pergamino sin saltaros las líneas y resistiendo con dos huevos a leer lo que pongo. Así el medir cuántos meses van desde diciembre de 2004 a septiembre de 2008, que es el tiempo que llevo cumpliendo mi condena en esta isla, lo estoy midiendo con los dedos de las manos. Y me faltan dedos, mira tu por donde.
Pero claro, aquí está el truco del almendruco… porque… ¿eres tu de los que cuentan los dedos dos veces o una?
Más claro: eres (a) de los que empiezas a contar con la mano cerrada y vas sacando dedos, en plan: gordo, indice, el dedo del medio, y luego anular y meñique (que esos salen juntos hagas lo que hagas)… o eres (b) de los que cuentas los dedos de una mano con el índice de la otra: señalo gordo, señalo índice, señalo este del medio…
En cualquier caso, el problema está cuando ya no te quedan dedos de las manos para contar. Entonces tienes que recurrir a marcas en el papel. undostrescuatrocinco…diez, rayita, undostrescuatro…diez otra rayita.

Si ves en la foto un brick de Lauki, es que eres de planesia, si crees que hace mucho frío con la nevera abierta, eres de la emetreinta.
Resumiendo: ya no puedo contar los meses que llevo aquí con los dedos de mis manos.
Y estoy muy bien en las zapatillas que son tres números más pequeñas que mi pie y que llevo siempre por casa porque me da la gana y porque me traen recuerdos, y lo que no me va a dar la gana es contar con los dedos de los pies.
No porque no pueda comprimirlos contra la palma del pie o la planta del pie (que sí que puedo, por cierto).
Y no porque no pueda señalarlos uno a uno con el índice de una mano o con el dedo gordo del pie, (porque el dedo gordo del pie hace las mismas funciones que el dedo índice de la mano): dedo gordo, otro pequeño, otro del medio, otro, el guisante ese del extremo, cambio de pie, dedogordo…
No voy a contar con los dedos de los pies.
Llevo mucho tiempo aquí, tantos meses que no es que pueda contarlos con los dedos de una mano, es que no puedo contarlos ni con los de dos…
Ni con los pies.
Y ya no se si eso es bueno o es malo. Si lo que tenía antes era mejor o que lo que tenía era una mano de años menos. No lo sé.
Simplemente sigo aquí, en mi nueva celda, donde las barcas se oyen lejos, y la luz invadiría toda la estancia si no fuese porque es de noche, y no hay luna, y además tengo las persianas abajo.
Y es que se hace tarde ya. O se hace noche. Y hoy estoy especialmente cansado. Asqueado. Algo me pusieron en el menú del día que me amargó entero. Habrá que echarle mucho más picante a las cosas para poderse comer este platito que me como todos los días.
Y me voy a dormir. Entre mi silla y la piltra debe haber como 6-7 pies de los de mi tamaño. Otro día hablaré de esto. Hoy… se hace tarde. O noche. O simplemente que estoy cansado de ciertas cosas y es mi forma de expresar lo que pienso. Otros hacen dramas. Yo hago esto.
Posted in Actualidad y pasado del archipiélago, Islandia, Lo mejor de la Isla | 6 Comments »
Thursday, September 11th, 2008 |
Nota: voy a ver si refloto varios posts que hay escondidos de entre los 500.. (me lo ha pedido una persona y esto últimamente en este blog es multitud
). Este viene a cuento, es de hace dos años… y puede que os guste. A mí me gustan los comentarios.
Hace cinco siete años que dos torres caían en Isla Manipulada, y con ellas acababa el boom de internet.
Fue un once de septiembre. Hace ya cinco siete años.
En el momento justo que la segunda torre se derrumbaba, llevándose en su interior la burbuja de las .com y los .net y similares (que es lo que hizo Pop ! al llegar al suelo), en ese preciso momento yo estaba firmando mi primer contrato en una empresa de comercio electrónico e internet, para gestionar afiliados.
Desde luego… nunca fui oportuno
Esta era la mesa en mi primer trabajo

El ordenador estaba abierto, porque un día se quemó el disipador, y tuve que estar con un ventilador encendido en los pies (incluso en invierno), durante 7 meses.
Esta, la del segundo trabajo que tuve en internet

Lo mejor es que se podía fumar, aunque el ordenador era de broma. Si creéis que la impresora era buena, no os engañéis, porque era mía y la traje yo de casa. Murió una semana antes de cambiar a mi tercer trabajo. Debía ser una premonición.
Y esta, mi mesa en el anterior trabajo a ahora…

Al menos cuando me tenso, aprieto el pollo por el cuello, se le encienden las mejillas y patalea… eso relaja.
En todos los trabajos dejé buenos amigos, gente con la que compartí risas, malos ratos, tiempos ridículos de entregas al cliente, cursos, caminos hasta casa, alegrías, copas, servidores, dominios, realísticos y bolas chinas. Bueno, esto último lo compartieron ellos con otros.
Gente como Jorge, Tino, Cristina, David, Fernando, Kike, Jose Luis, Gonzalo, Emilio, Dani, David el sueco… me dejo muchos.
Muchos.
Gente a la que les podías contar cosas como lo del cliente al que por teléfono configuré su cuenta de correo electrónico:
- Qué contraseña me has dicho que le pongamos? Rocco? Con dos cés?
- Rocco no… Roco, con una sola. Rocco es el actor porno. Roco es mi perro.
Amigo, amigo, amigo, como decía Fernando. Ha merecido la pena.
Posted in Actualidad y pasado del archipiélago, Islandia, Lo mejor de la Isla | 6 Comments »
Monday, June 2nd, 2008 |
Ekaina es Junio en euskera
Quizá a una gata que adopté en octubre debería haberla llamado urtarrila, pero es largo y para qué engañarnos, no sé euskera. La cosa es que eras una gata pequeñita. de las que tienen los ojos chinados y que caben en la palma de la mano. Una gatita que no dejabas de engancharte en mi jersey rojo con tus uñas frágiles, maullando de vez en cuando para dejar claro que estabas a gusto ahí, pero que no me eternizase. Quizá tu no lo recuerdes, pero era octubre, y estabas con tu hermana y tu hermano en Isla Charola.
Laurencio Montaño me dijo:
“Con cual te quedas?”
“Con esta, estoy seguro de ello”
Le respondí.
Volví ese día a Tabarka, y las cosas cambiaron radicalmente días después. El rey decidió que tenía una isla sin llenar en el condado de la emetreinta, y nos trasladó a todos los presos italianos a esta isla perdida en el mediterráneo. Eso fue más o menos por noviembre de 2004.
Pasaron los meses, incluso más de un año, tanto tiempo que no podría contarlo con los dedos.
Y finalmente volví a Isla Charola
La madre de Laurencio me señalaba gatos, uno tras otro: ese es hijo de la Jana (tu madre), ese es hijo de la blanca… incluso vi a tus otros hermanos merodendo por allí. Había muchos gatos. La verdad: tu madre nos salió un poco puta, y tiene miles de crías, todas con gatos diferentes.
Gatos medio atigrados medio frisones
Gatos medio anaranjados medio frisones
Incluso gatos medio siameses pero con manchas blancas y negras en la frente.
Es que el padre cambia, pero la madre sigue siendo la misma.
Pero tu no estabas.
Finalmente te encontré, subida a un árbol. Bueno, primero pasaste a mi lado como una bala, para luego subirte a el arbol que tienen allí junto a la barbacoa esa de ladrillo. El resto de tus primos, hermanos, sobrinos y demás parentela te habían ahuyentado hasta allí. Ellos no eran tan rápidos como tu subiendo a los árboles, y por el momento les habías esquivado.
Desde la mitad del árbol, entre dos ramas, asomabas la cabeza y me mirabas con miedo. Tu mirada era muy distinta a todas las fotos que he visto tuyas desde entonces, en las que tienes la cabeza bien alta, y giñas los ojos con el sol como si en tí hubiese algo que dijese: “eh, yo estoy aquí debajo del sol que me gusta, todo tranquila, tu nunca sabrás lo que es esto“.
En esta foto al menos eso parece. Con tu color atigrado al sol. De tres colores, como sólo tenéis las gatas (los gatos nunca pueden ser tricolores, sólo las gatas). Supongo que venías de un gato atigrado, guapo, que demostró a tu madre, la Jana, que podía subirse a los árboles más altos, cuya meada olía mejor (si es que una meada de gato olió bien el algún lugar del mundo alguna vez).
Me mirabas con miedo y con las orejas apuntando cada una para un lado, vigilante de cualquier ruido amenazador. Nos miramos unos segundos e intenté sacarte una foto con mi cámara de fotos, pero… esas cosas no tienen batería suficiente cuando las necesitas.
Quizá sea mejor así, prefiero recordarte con la mirada in/diferente y no con ese miedo. En ese momento Laurencio, con algún kilo más que hacía dos años, me contó que tuviste gatitos, y que tus familiares te forzaron a criarlos lejos. Me contó que hace tiempo que no ven a tu camada, y esto no pinta bien.
Mira Ekaina… no sé qué será de tu vida. No sé si te comerá un zorro o decidirás montártelo por tu cuenta en otra parte de Isla Charola. No lo sé. Sé que te ví subida a ese árbol, perseguida por los cabrones de tus hermanos (que nunca fueron de mi agrado, ahora sé por qué), y me dijeron que era una pena lo de tu camada, porque los de allí esperaban que me hubiese llevado a uno de tus hijos a mi celda…
pero…
qué quieres que te cuente…
Ahora vivo en una celda de 100 pies cuadrados, y ya no es como en Islandia. Y te aviso que ni en Tabarka ni aquí podrías correr sin parar, y ver a lo lejos las montañas mientras te cae encima la niebla meona, como llamaba mi abuela a esa niebla que hace que el agua se condense en tu cara al andar. Tampoco podrías cazar ratones a kilómetros de distancia de casa, como hace la Jana (la hemos visto Laurencio y yo hacerlo).
Aquí sólo verías la luz por cuatro ventanas oscilobatientes y estarías todo el día deseando que llegasen las ocho y media de la tarde para que jugásemos a perseguir esa pelota verde que tengo por mi habitación y que ignoro de dónde ha salido. Luego comeríamos algo, yo alguna mierda precocinada y tu alguna galleta de estas secas… nos tumbaríamos en el sofá y yo te contaría cómo la madre de todos los ñús no me deja que le quite los piojos. Tu entrecerrarías los ojos en una mirada infinita medio aburrida medio complaciente… y engordaríamos los dos plácidamente viendo el telediario de Telemadrid de madrugada.
No sé tú, (porque no hay manera de preguntarte tu opinión y que encima respondas), pero creo que estás mejor donde estás.
Eso me digo, porque no dejo de pensar en tu cara de miedo, allí subida al árbol mientras yo hacía el imbécil debajo con una salchicha, intentándote hacer bajar.
Y me siento la hostia de culpable.
Espero que este post sirva para que sepas que te llevo en mi recuerdo (y en mi móvil). Sé que a tí las palabras blog y móvil no te suenan a nada, pero espero que sirva. Y aunque tampoco sirve, espero verte la próxima vez que vaya por Isla Charola, y espero poder hacerte caricias bajo la barbilla, que los dos sabemos que te gusta.
Posted in Actualidad y pasado del archipiélago, Lo mejor de la Isla, Planesia, Transporte | 4 Comments »