Madrid – El Preso de la Isla Planesia

…en el archipielago de la emetreinta

De mudanzas y libros

Tiene su aquel lo de mudarse de casa. En los últimos tres años me he metido en tres mudanzas y de hecho quizá para el año que viene tenga la cuarta.

Hace un par de meses un planesiano conocido mío dejó su celda de 100m2 para meterse en una celda de estas pequeñitas, más recogidas. Es todo un avance, ya que ahora tarda cerocoma en encontrar las llaves antes de salir. También tiene las típicas ventajas de las celdas pequeñitas: puedes ver la tele desde la ducha, el sofá, la cama, y desde la cocina. Vamos, desde todas partes.

La cosa es que este planesiano tuvo que liquidar todos los libros de su casa, y nos llamó a unos cuantos para que nos quedásemos con todo lo que pudiésemos. Allí estuvimos Dani y yo revisando lo que había.

De estas cosas tontas que se piensan, así a lo bobo, con tanto libro usado entre los que escoger, me quedo con la idea de que todos esos libros que cada uno tenemos en casa son el reflejo de lo que somos. No sólo en los títulos que compramos, sino en cómo están cuidados, las dedicatorias que tienen, los papeles que alguien dejó olvidados marcando el punto de lectura antes de irse a leer, las manchas de grasa en alguna página…

Seguro que la persona a la que pertenecían cada uno de esos libros nunca se imaginó que los tendría en mi mano o que yo leería esas dedicatorias o vería esa quiniela vieja que marcaba el capítulo ocho de algún libro. Al final estos libros tendrán mis propias marcas de grasa y me olvidaré mis propios papeles en cualquiera de ellos.

Libros antiguos

Supongo que algún día alguien se quedará con mis libros, a mí al menos me gustaría.

Música: Lápiz y Tinta, El Último de la Fila

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El pequeño altar

El Pequeño altar

Todos los dí­as los acabo -como buen planesiano que soy- en mi pequeño altar, adorando a mi dios, tan querido y tan odiado a la vez. Muchos dí­as recuerdo aquella poesí­a de Catulo, que cuando era estudiante, en Tabarka me aprendí­ de memoria.

Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Yo tampoco puedo evitar odiar y amar a mi dios de todos los dí­as. Él es quien te da de comer y te pone en contacto con tus amigos. Te aconseja sobre lo que dudas. Te enseña sobre las cosas que no sabes. Él forma parte de tu vida, desde luego.

Rezas porque tu dios no se enfade, porque nadie pise un cable en algún lugar del mundo y se vaya todo al pedo. Rezas porque no se queme la subestación eléctrica que sirve a tu isla y te encuentres ante el altar, rezando a tu dios sin que él esté ahí­ para escucharte porque haya salido a dar una vuelta por el parque.

Odias y amas a tu dios, como en el poema de Catulo, pero ahí estás, todos los días delante de él. Tiene su gracia que hasta hoy no me haya dado cuenta de que esto es un altar, y que todos los días le voy dejando ofrendas.

Le dejo café, eso siempre. Un libro que me recomendó un amigo. Unas gafas nuevas de pasta que ahora me pongo un día sí y otro no. El colirio con antibiótico que utilizo para los días que uso lentillas y se me ponen los ojos como dos rosquillas. Paquetes de tabaco, vacíos y sin estrenar. La película de Babel en edición especial de 2 DVD. Una vela con forma de corazón que me trae buenos recuerdos. Un perro hucha en el que confío mi futuro. Una receta del médico con antihistamínicos. Varios DVDs con fotos y películas. Las llaves…

Todas estas cosas se van quedando ahí delante del altar. Creo que si lo metiésemos todo en una picadora, y lo picásemos todo muy bien picadito, como para puré, seguro que salía un Pietro por algún lado. Desde luego se parecería a mí en lo puré que estoy hecho después de este mes en el que he trabajado como un perro y me ha pasado de todo.

Al menos piensas que el dí­a ha salido bien y las últimas batallas indican que la guerra va bien. Has apagado los fuegos que casi prenden en las torres de tu fortaleza. Has mandado a tus mejores soldados a preparar un texto tan bueno que, tras leerlo a las tropas enemigas haga que una tras otra sus fortalezas se rindan sin lucha ni asedio. Porque dice Sun Tzu que un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas sin batalla, y tu te lo crees porque te apetece.

Porque hay dí­as que, sentado frente a tu altar y las ofrendas, oyendo en bucle las canciones más tranquilas de los Smashing Pumkings, la música de la melancolía y la infinita tristeza te invade y te sientes realmente… bien.

…and the world is etched upon your heart
and the world so hard to understand
is the world your can’t live without
and i knew the silence of the world

Me voy a la cama. Por fin estoy de vacaciones. Ya era hora.

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Manual de ya llegué yo primero

(O de cómo sobrevivir en el metro)
____________________________________________

Me llegó el otro día el manual de ya llegué yo primero a casa, y es que no puedo dejar de leerlo. No hago otra cosa desde hace días, porque hay días muy muy duros, y están siendo los campeonatos… y todo así de mal.

Os voy a contar las normas que utilizamos para el juego en equipos:

Para jugar en equipos no os creáis que es necesario conocerse. De hecho mola mucho más el juego cuando todos somos desconocidos y nos miramos con cara de odio.

Parte 1: preparación para el juego.

Cuando estás esperando a la barca de remos, en el momento de hora punta, tienes que ir por todo el embarcadero buscando tu sitio. Cuál es el sitio de cada uno es algo que sólo la experiencia te indica. Evidentemente, el mejor sitio es aquel que, cuando te toque desembarcar, haya quedado más cerca de las escaleras de caracol. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, siempre coincide que si te subes en el punto A, la barca para en ese mismo punto A del embarcadero de destino.

Este es el primer punto de fricción en el juego (que es un juego pelín violento, ya os digo), y siempre hay algún despistado que se pone delante de tí cuando estás esperando la barca de remos. Intentará ocupar las últimas plazas disponibles que den acceso a ese puesto privilegiado, pero si tu haces una maniobra kaspersky perfecta, ganarás la posición de apertura, que no tiene por qué ser mala.

Parte 2: durante la travesía.

Durante la travesía, y a pesar de que los remeros se lo curran bien, siempre suele haber olas que zarandean la barca de remos, así que lo mejor es agarrarse a cualquier parte que sobresalga de la barca.

Mucha gente intentará noquearte con su olor corporal, colocando su sobaco cerca de tu nariz, pero ahí es donde tienes que aguantar. Un truco que alguien me ha confesado como infalible es llevar una alimentación rica en leguminosas (alubias, lentejas…), aguantar los pedos hasta estar dentro de la barca de remos, y ahí soltarlo todo todo todo. Al fin y al cabo, a todos nos huelen bien nuestros propios pedos, pero no creo que los demás puedan decir lo mismo.

Foto de autor desconocido, que describe muy bien la situación de la barca de remos cuando estamos llegando
Foto de una barca de remos en hora punta

Parte 3: ya estamos llegando…

Todas las barcas de remos llevan un vociferador que anuncia las competiciones. Mi competición se llama “Avenida América”. También anuncian los puntos que corresponden al primero, segundo y tercer clasificado. En el caso de “Avenida América”, corresponden 7, 6 y 4 puntos respectivamente.

Como véis, el embarcadero en el que participo es de primera división, y no como otros, que dan un punto al primero o incluso nada.

En cuanto el vociferador dice: Avenida América, correspondencia con 7, 6 y 4, se producen los primeros movimientos dentro de la barca. Los jugadores que se encuentran más alejados de la puerta de desembarque se ponen nerviosos e intentan distraer al resto, con palmaditas en la espalda, y frases como: “va a bajarse ahora” “se baja ahora”??

Pues claro que voy a bajarme ahora!!! qué creías, que iba a dejarte pasar??? Todo eso un jugador experto puede decirlo con una simple mirada de odio, sin tener que abrir la boca.

Y por fin… el embarcadero. El juego está a punto de comenzar. Aquí toma especial importancia la figura del “abridor”.

Parte 4: la estampida inicial

El abridor lo reconoceréis enseguida. Es la persona encargada de abrir la portezuela de desembarco. Es muy fácil identificarle porque en todos los desembarcos es el que más cerca está de la puerta, pero sólo se encarga de abrirla cuando llega el puerto en el que él va a participar.

Cuando la lancha se detiene, se produce la estampida. Todos miramos hacia el abridor, y él tira del mecanismo que abre la portezuela… y… bang !!!

Normalmente el abridor es quien primero choca con los obstáculos humanos. Estos obstáculos son las personas que se Colocan Ante Portezuela Ubicándose Lateralmente y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando. Son los (más conocidos por sus siglas) C.A.P.U.L.L.O.S.

Así, la estampida inicial se ve inicialmente frenada por los CAPULLOS que esperan en el embarcadero, con cara de no entender la que se les viene encima. Muchos de ellos, por cierto, se sirven de elementos físicos como carritos de niños, maletas, baules, la suegra…

Como os contaba, el abridor es el primero que choca con uno de estos CAPULLOS, mientras los demás pasamos por encima de su cuerpo caido, procurando pisar fuerte pa que no se levante. Con el periódico que todos llevamos bien apretujao, conviene ir repartiendo guantadas entre los CAPULLOS para abrirte paso hacia la escalera de caracol…

UUUUhhhuuu !!!

Empieza el juego !!!

(continuará…)

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Armario Vacío

Llamemosle Jorge.

Jorge se levantó a las siete, una mañana cualquiera, en su casa.

Una casa como cualquier otra, qué más da? En un barrio. ¿Qué barrio? No lo sé, cualquier barrio… el centro, las afueras… ¿Por qué se levantó? ¿Se despertó por si mismo, o tenía despertador? ¿Le despertaron los pájaros de fuera, sobre el árbol, junto a la ventana? No lo sé. Quizá viva en la ciudad, en una torre alta, o quizá viviese en el campo, eso lo desconozco.

¿Pero, realmente se llama Jorge?

Tampoco lo sé.

Lo que sí se es que eran las siete, una mañana cualquiera, y ella no estaba.

Ni sus cosas en el armario, ni ella en la cama.

(“Te levantas un día, marzo 22, y el armario está más vacío que tu corazón” Esclarecidos)

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En el frigo

Están todas las aceitunas negras nerviosas en su lata abierta, intentando asomarse al borde para ver lo que pasa. No dejan de oir ruido, y saben que algo se prepara.

Al final una de ellas, trepando entre el vinagre y aupada sobre sus compañeras, descubre lo que pasa:

El protagonista es el salmón, al que le han descongelado ayer por la noche, y que está desangrándose lentamente sobre un plato. Todos sus compañeros del frigo le envidian, porque hoy será el plato central de la comida… pero él no las tiene todas consigo. Este trozo de salmón recuerda a un compañero suyo, al que descongelaron hace unos días, y que murió desangrado en un plato muy parecido al suyo. El dueño tuvo que salir a trabajar urgentemente, y no pudo cocinarlo a tiempo.

Así que el salmón tiene mucho miedo y no dice ni mú y no dice ni pío, que no quiere que le confundan con sus vecinos del congelador, el filete de ternera y la pechuga de pollo (a pesar de que el congelador mezcla mucho los olores).

A la escarola y a la lechuga lollo rosso las han puesto juntas, aunque no se soportan. La lollo rosso es que viene de una familia pija italiana y la escarola no hace más que echarse ajo por encima. Dice que es el perfume que mejor le va. Una y otra no paran de decirse cosas que harían ponerse rojas a las gambas si no fuese porque están dormidas todas juntas en el congelador, espalda contra pecho.

Los tomates de canarias, que ya vienen rojos de por sí, mantienen una formación perfecta sobre la bandeja del super en la que les pusieron hace días. Son todos iguales, de la misma forma y tamaño. Son los más valientes del frigorífico. Este pelotón de casacas rojas se prestará voluntario a salir en misión de reconocimiento, sin miedo a ser despedazados por los cuchillos afilados del exterior.

Tomates

Junto a ellos están las cebollas. Saben que alguna de ellas caerá hoy en la sartén, pero se sienten muy queridas, porque siempre las cortan llorando.

Y en un lateral está la botella de ron, a la que los kiwis dicen que no hay horno en esta casa, y que se olvide de participar en cualquier postre con bizcocho. Ella no deja de decir que se beberá a sí misma hasta olvidar no sólo eso, sino mucho más.

Por fín se abre la puerta del frigorífico, y uno de los tomates sale a la carrera, mientras que el jefe del pelotón, que tiene una pequeña pegatina ovalada sobre su pecho, grita a sus compañeros de escuadrón: “fuego de cobertura”

Es inutil. Todos los tomates se miran unos a otros y al final uno dice: “nos han quitado a todos los rabillos, mi señor. No podemos hacer nada”.

El tomate jefe asiente con solemnidad, y les dice a su tropa: “descansen”… sabe que la suerte está echada, así que se va a por la lechuga y la escarola, que al verlo llegar se quitan los tallos llenos de tierra y las hojas más feas. Algo les dice que hoy ligarán.

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Cuento friki

Gran noticia!!!
He dejado mi Macintosh aparcado.
Hace ya algún tiempo que las relaciones entre mi colorplus y yo no eran del todo… como decirlo, idóneas…

La verdad es que ha sido difícil terminar de esta manera tan brusca, pero mi mac y yo trataremos de seguir siendo amiguetes, y puede que de vez en cuando le toque un poco las teclas, para recordar los viejos tiempos en los que, siendo todavía un macintosh plus, sin más que una disquetera de baja densidad, me cautivó con monitor integrado monocromo.

Eran tiempos felices, en los que yo me entregaba en cuerpo y alma a ella. Le limpiaba el teclado todos los días, y alimentaba sus ambiciones con más y más programas nuevos.

A veces, al volver del cole, me recibia con su mejor pantalla de bienvenida, esa que sólo mostraba cuando no tenía instalado el startupscreen.bmp. Yo me ponía solo con verla, y acababa instalandole algún programa muy grande, como el Filemaker Pro 2.0, lo cual requería que le metiese y sacase muchas veces el disquete del programa, para que ella pudiese asimilar los datos con calma.

macse002

Nuestro amor mutuo creo que comenzó a enfriarse en las navidades del 93, cuando descubrí a mi hermano jugando al risk con ella.

Eso era lo peor que podría haberme hecho. Podría entender que se liase con cualquier otra persona, pero no con mi hermano , que sólo le gustaban los pc´s, y que incluso se reía de su pantalla.

No le dirigí la palabra en meses, y sólo volví a ella cuando vi lo felices que eran mis amigos con sus ordenadores, escribiéndo poesías y jugando al doom.

Ella me prometió que nunca más jugaría con otro más que conmigo, y yo la creí. No debí hacer eso, porque tan sólo una semana más tarde, tuve que llevarla al concesionario más cercano urgentemente: se había roto su único botón del ratón, y no podía ejecutar ningún programa más que el Multifinder. Siempre he pensado que se lo rompió Fernando, en una discusión en la que la intentó buscar el botón izquierdo, pero… nunca pude demostrarlo.

La reparación fue algo cara, 4.000 pesetas, y estuve a punto de dejarla cuando mis amigos me dijeron que ellos por tan sólo 2000 le ponían todo un ratón nuevo a sus pc´s.

Fue poco después cuando evolucionó, y se transformó en un Macintosh SEII, que era ya un ordenador sin disco duro, pero con doble disquetera de alta densidad.

Nuestras relaciones se hicieron más monótonas, y ya no le metía y sacaba los disquetes, ya no había la magia de saber si la memoria ram aguantaría tanto trajín…

Pasaron los años, y me fuí alejando de ella poco a poco. Ya sólo la usaba de vez en cuando, para escribir algún cuento, alguna carta, jugar al supertetris…

De hecho, desde que empecé la facultad, conocí a muchos otras ordenadores, que tenían la pantalla en color, y con los que podía conocer el mundo a través del programa Gopher.

Sin que lo supiera mi mac, (como yo siempre le llamaba en casa), subía todos los viernes a la sala de ordenadores de mi facultad, y me conectaba con una de aquellas preciosidades, que no dejaban de sorprenderme, sobre todo por lo rápido que se producian errores con ellas. Tenían la costumbre de provocar un volcado de pila cuando menos te lo esperabas, y te obligaban a resetearlas y pasarlas el scandisk suavemente por el lomo.

Un día, al volver a casa, mi Macintosh SEII no estaba. Nadie supo darme razones. Ni siquiera dejó una carta impresa con la imagewriter II. Desapareció, sin más.

Meses más tarde, mi hermano volvió a casa con ella. Se había cambiado el nombre, (ahora se llamaba colorplus), y estaba irreconocible: nuevo teclado extendido, monitor en color… y venía cargada con un disco duro de ochenta megas, que yo siempre he aceptado como mío, a pesar de que no recuerdo haber tocado su placa base sin tomar las precauciones necesarias.

La recibí con los brazos abiertos, y todo volvió a ser como antes. Su impresora murió el año pasado, (era ya muy mayor), y ella me miró horrorizada mientras la desmontaba para sacar su unidad de alimentación antes de tirarla a la basura. Posiblemente debí hacerlo en otro cuarto, pero…

Ayer, escribiendo una carta, me dijo que lo mejor sería que no nos viesemos más, que nuestra relación no llegaría muy lejos. Yo estaba enamorado de un portatil toshiba satellite pro que pasó por aquí de camino a casa de mi hermana, y no podría sacarme de la cabeza su sonido suave, sus bahías intercambiables y aquella forma de sostenerme el cigarrillo con el teclado mientras yo me tomaba el café, intentando configurar su soundblaster.

Yo acepté la realidad, y le dije que me gustaba mucho como ordenador, que su sistema operativo era mucho mejor que los demás, y que nunca me había fallado en los cálculos estadísticos, pero que me gustaría algo menos personal y que me dejara hacer amigos con los que intercambiar programas. Además, en el trabajo, mi pentium no dejaba de hacerme guiños con el odbc, para que consultara sus bases, y estaba hecho un lío.

Mi colorplus (recordaré siempre como el brillaba la pantalla al decirlo), me recordó aquella vez que hicimos juntos el análisis estadístico de la encuesta que hice para investigación de mercados, y me dio a elegir: o el toshiba portatil o ella.

Ahora estoy con un 386 que me ha pasado, un amigo mío, hecho con piezas de varios ordenadores antiguos. En tiempos, su torre era de la familia de ordenadores IBM, aunque todos sabemos que salieron los clónicos y fueron a menos. Está algo anticuada, y no quiere que juegue con ella hasta que le instale un mouse compatible con su puerto ps/2. Le traje un ratón genérico del trabajo, y me dijo que ella no se mezclaba con esa chusma clónica.

Y aquí sigo, esperando que mi hermana se canse de aquél portatil toshiba, y quiera algo más, para poder volver a acariciar aquel teclado, y decirle cosas bonitas a su micrófono.

Vaya, mi 386 se ha puesto celosa y me pide que le pase el panda antivirus. Es un poco tonta, pero entre ella y yo solo hay procesamiento de textos.

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Escribiendo

Estaba escribiendo. Cada cierto tiempo, el ruido del ambientador automático a pilas le indicaba que habían pasado otros 9 minutos. Pero no contaba el número de intervalos entre fff y fff del ambientador, porque esto iba a ser una carrera de fondo. Escribir una novela no sería fácil. No es lo mismo que con un cuento.

En un cuento cada objeto que introduces tiene que tener su sentido. En una novela, no importa más que el destino.

Para ser sincero, nuestro personaje, llamémosle H., daba ya por perdida la batalla de escribir una novela, y tan sólo tenía un párrafo en el ordenador, en el documento delante de él. (Y con tachones y correcciones). Se imaginaba escribiendo mil párrafos estúpidos, y dejaría por algún lado el documento. Un día lo retomaría pero seguro que ya no sabría ni cómo empezar.

Es que siempre tuvo esta ansiedad encima, y cuando compraba lápices, les sacaba punta una y otra vez, confiando en que se acabasen. No era por darle oportunidades a la parte final del lápiz, que de otra manera nunca dejaría huella en el papel. Era porque no tenía paciencia. Los demás no eran así, y él veía cómo sus lápices llegaban a viejos, resistiendo incluso a

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Hace ya cinco (no, 7) años

Hace más de cinco siete años que dos torres caían en Isla Manipulada, y con ellas acababa el boom de internet.

Fue un once de septiembre. Hace ya más de cinco siete años.

En el momento justo que la segunda torre se derrumbaba, llevándose en su interior la burbuja de las .com y los .net y similares (que es lo que hizo Pop ! al llegar al suelo), en ese preciso momento yo estaba firmando mi primer contrato en una empresa de comercio electrónico e internet, para gestionar afiliados.

Desde luego… nunca fui oportuno

Esta era la mesa en mi primer trabajo

Tu Tienda de sexo

El ordenador estaba abierto, porque un día se quemó el disipador, y tuve que estar con un ventilador encendido en los pies (incluso en invierno), durante 7 meses.

Esta, la del segundo trabajo que tuve en internet

El estudio del diseño de la red

Lo mejor es que se podía fumar, aunque el ordenador era de broma. Si creéis que la impresora era buena, no os engañéis, porque era mía y la traje yo de casa. Murió una semana antes de cambiar a mi tercer trabajo. Debía ser una premonición.

Y esta, mi mesa en el anterior trabajo a ahora…

Tercera

Al menos cuando me tenso, aprieto el pollo por el cuello, se le encienden las mejillas y patalea… eso relaja.

En todos los trabajos dejé buenos amigos, gente con la que compartí risas, malos ratos, tiempos ridículos de entregas al cliente, cursos, caminos hasta casa, alegrías, copas, servidores, dominios, realísticos y bolas chinas. Bueno, esto último lo compartieron ellos con otros y los vendimos a puñaos.

Gente como Jorge, Tino, Cristina, David, Fernando, Kike, Jose Luis, Gonzalo, Emilio, Dani, David el sueco… me dejo muchos.

Muchos.

Gente a la que les podías contar cosas como lo del cliente al que por teléfono configuré su cuenta de correo electrónico:

Periko: – Qué contraseña me has dicho que le pongamos? Rocco? Con dos cés?

- Cliente: Rocco no… Roco, con una sola. Rocco es el actor porno. Roco es mi perro.

Amigo, amigo, amigo, como decía Fernando. Ha merecido la pena.

Nota: Es la enésima vez que rescato este post del olvido, del cual más que el contenido me gusta el comentario de Fernando. Prometo que será la última. Por cierto, hoy hace un año que decidí dejar de despiojar ñús y empezar a despiojar bueyes de kobe. Los piojos son parecidos, todo sea dicho.

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A la partícula de humo

Hay veces que no escribo esto del tirón. Me siento delante del pc y escribo un poco, posiblemente la idea principal del post y unas cuantas ideas secundarias. Luego al rato otro poco. Lo guardo y al cabo de cinco días completo otro párrafo… Voy añadiendo poco a poco elementos en cada post. Engordando los párrafos con contenido.

Y me he dado cuenta que en todos estos momentos, mientras escribía, he tenido un cigarrillo humeando en el cenicero. Uno diferente cada vez, claro.

Las gotas de alquitrán se van pegando a los muebles, a las paredes de esta celda que pronto tendré que abandonar.

Me pregunto qué partícula de humo, de todas las que he fumado, de todas las que fumaré, será la que contenga esa molécula de alquitrán que caerá sobre una de las células de mis cuerdas vocales, o a uno de los alveolos de mis pulmones, y la hará mutar. Me pregunto cuál será esa molécula que hará que esa célula crezca sin límite, y me acabe matando. Me gustaría al menos saber esto.

Tabaco

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El cuento que quiso ser poesía

Tengo un cuento que quiso ser poesía.

Quería rimar, ajustarse a una métrica.

A un ancho de línea.

Quería cambiar sus párrafos por versos.

Soñaba con ser leído con calma, memorizado.

(¿Nadie memoriza un cuento, no?)

Soñó con alguien recitando sus sílabas al oído de otra persona…

Por esto, recortó sus párrafos.

Adelgazó todos los días una letra, una sílaba.

De aquí quitaba un verbo, otro día, el complemento indirecto…

Al final, descubrio que no podría ser poesía.

Que tan sólo sería un cuento.

Este cuento

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Saint Pierre et Miquelon

Sin acento. Porque si lo pusiese con acento sería miguelón. O mikelon (también sin acento).

Bandera de este sitio

Saint Pierre et Miquelon es una isla de estas raras que existe por el mundo, y que nadie conoce, salvo por una de esas casualidades raras que hace que te cruces con ella en la vida. En mi caso fue un dominio, ya que tiene un rango de ips propias para un dominio, el .pm. (muy útil para direcciones tipo: verelfutbolconlosamigosestade.pm)

Esta isla de 242 km2 y escasos 7.000 habitantes, se sitúa junto a la costa de Canadá, y su población tiene origen… vasco ! Bueno, vasco-francés. Los principales colonizadores fueron pescadores de San Juan de Luz, y por esto el que tenga una ikurriña en su bandera (bandera no oficial, ya que su bandera oficial es francesa).

El territorio legalmente pertenece a francia, como una colectividad territorial, y aunque no sea parte real de Francia sus habitantes se sienten franceses a tope. Incluso parte del suelo de la isla fue traido desde francia en barcos.

Lo sorprendente es que allí juegan al soga-tira y a la pelota vasca

Fotos de la isla, de un turista, en las que se ven los frontones y la soga-tira.

Frontón en miquelon, la frase dice zazpiak bat los siete en uno

Y esta foto está en su web de turismo. En la foto vemos un frontón que pone: “Zazpiak Bat”. Zazpiak Bat se traduce literalmente como los sietes uno. Esto hace alusión a los territorios históricos vascos (que son siete), son uno sólo (euskadi).

Qué, flipáis, amiguetes, ehhhh? pues esto, al lado de terranova. Increible, pero cierto.

Y de qué vive? entre otras cosas, aparte de lo mucho que aporta Francia, vive, como todas las islas / estado tan pequeñas como esta, de los sellos.

La isla también ha tenido una peli cuya acción ocurre en esta isla: La viuda de saint pierre, intepretada por juliette binoche (que supongo que será otra de esas pelis francesas en las que gesticulan mucho)

Como véis, los españoles, dejando huella.

Y más información, en wikipedia, por ejemplo

Actualizado: un usuario de meneame.net me hace ver esto también:
“No es la única, en la costa atlántica canadiense y debido a que los vascos iban a pescar a Terranova hay un gran interés por lo vasco. Ejemplo: Parque de la Aventura Vasca: www.paba.qc.ca/paba/index.html
Más lugares: www.muturzikin.com/euskalgary3.htm

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Qué me está contando usted

El viernes pasado, fui a ver al otorrino. La gente me pedía por favor que fuera porque decían que estoy sordo. Me decían: vete al otorrino, Pietro. Y yo les decía: ¿que?

Así que el viernes pasado, aproximadamente a las 8,46 de la mañana (porque ya se sabe que las horas de consulta son aproximadas, no exactas), me hicieron una audiometría. Es decir, exactamente a las 11.17 de la mañana me metieron en una cabina aislada, con unos auriculares en las orejas, mientras una asistente del médico apretaba botones y yo oía ruiditos en los oidos.

En mi mano tenía un botón en forma de pera, como los de lámpara antígua, o como los de los bombarderos japoneses de la segunda guerra mundial que yo debía pulsar cada vez que comenzase a oir tal pitidito.

Recopilando: las 12 y 30 pasadas de la mañana y yo en la cabina de bombardero dispuesto a disparar mi ametralladora cada vez que oyese un motor de cualquier avión enemigo.

Comenzamos muy bien, aunque a eso de la mitad la asistente del médico me dijo:
Oyes el martilleo de las obras que hay al lado?”
Perfectamente“, dije yo, pensando que era parte de la prueba, y aterrado por la idea de que si no las oía tuviese que usar un audífono de esos que oyes hasta los alfileres cayendo en el cenicero. Las oigo perfectamente“- le dije mientras apretaba una y otra vez el botón de disparo. Si hubiese sido Pearl Harbour, no se salvaba ni uno.

Siguió la prueba, pasando del oido derecho al oído izquierdo. Cuando faltaban unos cuantos pitidos para el final, la asistente volvió a interrumpir la prueba para tomar una papelera metálica y golpear a su vez la pared por el lado del hospital. Por cada golpe de la obra, uno de papelera metálica y un click en el botón de disparo




Tras el fin de la prueba, fuimos asistente y yo al despacho del médico. Ambos se sentaron juntos delante de mi. Al instante se levantaron y se fueron a tomar algo, que ya eran las dos y media de la tarde.

Regresaron a eso de las cuatro y media, oliendo claramente a vino. Especialmente la ayudante del médico, que cada cierto rato hipaba. Yo por mi parte echaba en falta el botón de disparo de la cabina de audiometría, así que con cada ruido de la ayudante le metía en el dedo en el ojo al otorrino que no se quejaba para nada de aquello.

Tiene usted una pérdida del 10% de audición
Qué?”
Que tiene usted una pérdida del 10% de audición

Vaya, pensé… eso significa que el 10% de todas las conversaciones me las pierdo. Al menos oiré un 10% inferior de gilipolleces en mi vida. Pero claro, no sabré identificar qué son gilipolleces y qué no… y me repetirán dos veces la misma gilipollez o el mismo chiste malo… ¿Y si lo que dejo de oir es el 10% de las cosas que realmente merecen la pena? Y si resulta que el 10% de las palabras es lo que no oigo?

¿Pietro?” dijo el médico
¿Qué?
Primero: aterrice. Segundo: no es grave un 10% de pérdida. Simplemente es que usted no presta atención a lo que le dicen
Entienda, Sr. Otorrino, que oigo muchas paridas a lo largo de mi jornada laboral

¿A qué se dedica usted?

Les expliqué a qué me dedicaba, y ambos, doctor y asistente asintieron comprendiendo la gravedad del caso.

Incluso un obrero que había conseguido taladrar la pared de la consulta y estaba allí parado viendo el reality show mientras se tomaba un bocata de tortilla que había sacado de su casco también asentía, circunspecto. Harto circunspecto.

El médico me dijo: vamos a demostrárselo, sientese en aquella silla del fondo, a nuestra izquierda

Lo hice.

Tapese el oido derecho con un dedo y repita lo que vayamos diciendo:

Gato
Gato
Perro
Perro
Betún
Betún
Jazmín
Jazmín

¿Lo ve usted?“, dijo el otorrino. “Es que no presta atención alguna“. Esto lo dijo a gritos, y con tono muy enfadado, así que tanto el obrero como yo como la vecina del final de la calle le entendimos perfectamente. De hecho el obrero se asustó un poco, pero se tranquilizó enseguida en cuanto la ayudante le dio una copita de algo que tenía por ahí suelto, no sin antes servirse ella una.

Lo veo doctor, lo veo” dije yo, aunque por ningún lado veía algo especial, ni entendía qué influencia tiene la vista sobre el oído. Supongo que alguna, porque dicen que los ciegos oyen pero que muy bien.

Así que abandoné la consulta todo feliz por el agujero de la pared (salga usted por aquí, que llegará antes), esquivando a la ayudante, que dormía la mona en el suelo, abrazada a una manta de hospital, y feliz de ser un despistado en este mundo, no sin antes pedirle al doctor que me firmase un justificante, que ya eran las siete de la tarde (pasadas) y en el trabajo me iban a decir algo.

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La crisis agudiza el ingenio

Receta de pulpo a lo pobre:

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El hombre que cambió el olor de las cosas

Este era un hombre al que hace mucho tiempo todas las colonias que olía le recordaban un mismo olor. Daba igual que una colonia tuviese olor a canela, otra a vainilla, a mandarina, porque a él todas le olían igual.

Se compró una colonia, aunque el olor de la colonia le daba un poco igual, porque todas le olían igual. La usó bien poco, porque le parecía que hasta el ambientador de su cuarto de baño olía igual. Incluso dejó de usar suavizante, porque todos eran iguales.

Olor

Un día cualquiera subió a un autobús cualquiera. Una mujer pasó a su lado, y él olió la colonia de su pelo. Entonces, tras dejar el portátil en el suelo, entre sus pies, y defendiéndose como podía de la fuerza centrífuga en las curvas con una mano agarrada en la barra, con la mano libre escribió un mensaje en su teléfono: “Acabo de entrar en un autobús y alguien llevaba puesta tu colonia. Me he acordado de tí”.

Llegaba ya el autobús a su destino cuando recibió la contestación: “siento que te pasase eso. Qué colonia es la que llevaba? tienes buena memoria.”

Escribió otro mensaje para responderla, aunque nunca llegase a enviarlo:

“La verdad es que he decidido olvidarte. Creo que empezaré por tu colonia”.

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Los ascensoristas

No sé si en este pergamino os he hablado ya de los ascensores. No sé si lo habré llamado de otra forma y está por alguna de las 300 entradas del pergamino. Quizá sí, pero vamos a retomar el tema. Hoy estoy de mala leche y leí por ahí que es la mejor forma de perder lectores de un pergamino: escribir estando cabreado. Pero vamos allá:

Qué es un ascensor?

Bien, esto hay que definirlo con calma.

Mirad, hay personas que son ágiles, jóvenes, delgados y hasta guapos, que suben las escaleras de los túneles subterráneos del condado a pie. Un extremo de esto son los que los suben corriendo. Qué ilusión, qué destreza, qué ganas de comerse el mundo tienen !!! qué ganas a veces me entran de que se coman los escalones en una de esas carreritas, raspando sus incisivos contra la banda de papel de lija en la que acaba cada uno de los escalones.

Luego están la mayoría. Los que juegan al “ya llegué yo primero”. Aquí hay también dos clases. Los que siguen las normas al pie de la letra y son felices adelantando por la izquierda a la otra clase, que suben al ritmo de la escalera de caracol. Ya he visto desde que llegué al condado dos casos de vencedores del “ya llegué yo primero”: competidores veloces que suben las escaleras de caracol a toda leche, y cuando llegan arriba les da un desmayo y se caen al suelo.

Es curioso ver como en esta ciudad el instinto provoca más el que ni cliff se pare a ayudarles que el ser moderno y que te arrollen tus 100.000 congéneres del metro.

Y la tercera clase somos los renegados sociales que vamos en ascensor. Los que deseamos que existan teletransportadores que nos lleven desde lo más profundo de los túneles hasta el nivel de la calle. Pero total, para cuando los inventen será mucho más sensato el que nos lleven desde el sofá de casa al sofá del cine y del sofá del cine al de casa. Pa qué más.

Yo ya no juego al “ya llegué yo primero”, sino que me sé todos los ascensores del condado, y cuál tomar para que el camino al túnel subterráneo correspondiente sea el más corto. Lo malo es que igual que tú, el resto de emetreinteños se conocen estos ascensores.

Parribapabajo

Y aquí están los personajes de los que voy a hablar hoy. Son peores que los C.A.P.U.L.L.O.S. que puedes encontrar frente a las puertas de cualquier barca de remos (CAPULLOS=Colocado Ante Puerta Lateral y Lateralmente Obstaculizando y Sodomizando), estos son realmente peores que los capullos.

Son los A.S.C.E.N.S.O.R.I.S.T.A.S. (Al Subir Consiguen Entrar No Sólo Obstaculizando Repetidamente e Incordiando y Sodomizando, Tambien Apestando a Sudor).

Todos conocéis a estos personajillos, a los ASCENSORISTAS. Son esos que cuando estás esperando al ascensor hacen lo siguiente:

Posición uno: estás el primero en una cola (cómo les gusta hacer cola en este condado), que espera a que llegue el ascensor a tu planta. Estás el primero en la cola y ellos se cuelan por tu izquierda o derecha y si hay dos botones de llamada (uno para el ascensor de subida y otro para el ascensor de bajada), pinchan el que no está iluminado.

Ascensor

Resultado de la posición uno: te montas en el ascensor y apareces en el sótano cuando tu intención era subir a la planta ático. Miras al Ascensorista en el cogote y en los miles de segundos que tarda el ascensor en cerrarse y devolverte a la planta baja (el sube también al ático, en el sótano sólo está el parking), desearías que tu mano y tu brazo fuesen lo suficiéntemente rígidos para atravesar su espalda en busca del corazón (si es que lo tienen, que no está comprobado).

Posición dos: entran los primeros al ascensor y nada más entrar se quedan plantados al lado de la puerta y junto al conjunto de botones, obstaculizando repetidamente e incordiando y sodomizando.

Después de que el resto de la gente les esquive para entrar, llaman a su planta y se colocan delante de los botones, impidiendo ver al resto a qué piso van. Los demás tratan de dar a los botones como pueden, mientras intentan esquivarle para entrar o desde el fondo, pasando peligrosamente cerca del arma secreta de los ascensoristas: el sobaco sudao.

Por cierto, cuando los ascensoristas se hacen mayores, sodomizan a otros ascensoristas, pero de una manera más fina, diciendo una y otra vez: yo voy a la planta tercera. Ha pinchado en la planta tercera? seguro? pero está iluminada? (el botón suele fallar en estos casos) que yo voy a la tercera, la tercera planta. Ha pinchado ya? seguro? estamos subiendo o bajando? es la tercera planta? seguro?

Suelen salir los primeros del ascensor. Y es que en muchos casos aquí se entiende la parábola esa de que “los últimos serán los primeros”.

Voto por exterminarlos una vez que hayamos acabado con las palomas.

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