El Colectivo Avocado – Plantando aguacates allá por donde vamos.


2 April, 2005

Primer cuento cadena (I)

Category: Cuentos,Laro – Periko – 12:21 pm

Todo estaba en la penumbra. Un solitario rayo de luz se había escabullido entre las cortinas, en su haz se podían apreciar pequeñas partículas de polvo suspensas en el aire. La luz era tenue pero iba adquiriendo fuerza poco a poco. La luminosidad empezaba a lentamente inundar la habitación, y el haz se acercaba inexorablemente hacia mi.

¿Que hora será? Saber la hora no es tarea fácil. El único reloj que tengo no es luminoso. Fue una decisión difícil, pero necesaria. El anterior despertador era digital y fosforescente, hubo noches enteras en las que vi pasar minuto a minuto el tiempo. El único punto de luz en la habitación, un recordatorio tan constante que no me dejaba dormir. Así que compre un pequeño reloj de mesa. Compacto y resistente, no vaya a ser que lo golpee en la oscuridad. No tiene ninguna luz añadida, ni ninguna fosforescencia. Es perfecto. Pero inútil en momentos como este.

Quien hubiese diseñado esta habitación, no lo había hecho para un dormitorio. Eso esta claro. El interruptor de la luz esta al lado de la puerta. Que no es mala idea, si no fuese porque la cama esta en el punto mas alejado de la puerta. A estas alturas ya he desarrollado un sexto sentido para andar en la oscuridad entre el interruptor y la cama. Este sexto sentido es el dolor. Después de tropezar con sillas, mesas al tiempo que esquivar la ropa, los libros, y demás obstáculos que traicioneramente me esperan en el suelo, uno aprende a evitar las zonas dolorosas como por intuición.

Pero ese día no tenía ganas de utilizar el sexto sentido. Prefería estar en la cama. No es que fuese demasiado cómoda. El colchón no era ni duro ni blando. Y las sabanas, bueno las sabanas las tendría que haber cambiado hace tiempo (intuición reforzada por mi nuevo sentido), pues ya empezaban a raspar. No, no se estaba muy cómodo. Es mas, ya no sabia en que posición ponerme, de lado, boca arriba, boca abajo, posición fetal.

Claramente la comodidad no era lo que me impedía levantarme. Mas bien es ese punto de la vigilia, en el que uno quiere dormir y no puede, en el que uno tiene miedo de abrir los ojos no vaya a ser que no los pueda volver a cerrar y mira a su alrededor con los ojos entrecerrados. ¿Pero que hora será?

El haz se había acercado un poco mas hacia mi. Mas y más luz entraba por la rendija y ahora se podía discernir, con los ojos entrecerrados, el espacio alrededor. El haz de luz cortaba limpiamente la oscuridad, cayendo directamente en el suelo de madera. Bueno, mas bien en los pantalones vaqueros que deje tirados hace dos días.

Debía de ser media mañana, con tanta luz. Ya empezaba a recortarse en la penumbra la mesita con cierta claridad. Ahí estaba mi fiel compañero: el reloj. Pero no había suficiente luz. Había que tomar medidas drásticas…

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