También puedes dejar a un lado esa sensación que a veces se tiene de estar atado a lo que tú quieres y los demás no te dan. En el fondo los culpables de esta falta de principios y valores son tanto la panda que se los pasa por el arco del triunfo como aquellos que se sientan a criticar indignados.
La indignación nunca ha logrado solucionar nada, por muy válida que sea la razón para mostrarla.
Vernos diciendo “no sabéis”, “estáis equivocados” o “sois los culpables” a los que nos indignan. Luego descubrirnos diciendo “soñadores”, “no sabéis lo que hacéis” o “yo pensaba como tú hasta que me cansé” a los que tratan de cambiarlo. Eso nos hace débiles, eso nos hace prescindibles.
Por eso tenemos que cambiar nosotros, para luego intentar (aunque sólo sea un intento, algo será) cambiar el mundo. Yo pienso que las herramientas las tenemos.