Me ocurre que tras tanto tiempo sin escribir me resulta complicado centrarme en algo que contar. Me han pasado tantas cosas, tan buenas y tan malas… Pero pensando un poco me doy cuenta que trato de escribir palabras como las escribÃa hace dos años, y eso es imposible. Todos cambiamos. Cuando nos miramos todas la mañanas al espejo nos resulta complicado encontrar diferencias significativas, porque los cambios paulatinos no nos llaman la atención; sin embargo cuando vemos fotos nuestras de hace tiempo tendemos a exclamar “¡cómo hemos cambiado!”. Y yo creo que aunque sea capaz de seguir vertiendo mis ideas en vasos de letras ya no soy capaz de identificarme con la gente que seguÃa dÃa a dÃa entre artÃculos y libros.
Hay gente que busca citas en las que apoyarse, sucesos de los que contar algo gracioso, que maneja el sueño de crear un universo de personajes singulares que provoquen la risa, la reflexión, la inquietud, el sosiego. Hay gente que aspira a saltar desde un lugar anónimo a un cielo de preguntas sobre sus pensamientos, a tener un sordo reconocimiento rondando sus anocheceres y urgiendo sus amaneceres. Hay gente lÃquida, que se escapa por cualquier sendero y trata de empapar con frases frescas las vidas de los demás, para luego llegar a un remanso en el que hacerse lago y allà recoger poco a poco lo que cada tormenta le aporte. Hay gente, y son necesarios, casi imprescindibles, son la mitológica necesidad que nos permiten pensar que algún dÃa nosotros podrÃamos llegar a… nuestros sueños.
Hace poco asistà a una charla en la que se planteó la diferencia existente entre fantasÃa y deseo, la verdad es que el contexto de la charla no era ni mucho menos el de una reflexión filosófica del tema, pero eso no viene al caso. La ponente citaba a una compañera de trabajo que decÃa que nuestras fantasÃas con pensamientos que nos permiten disfrutar de una idea sin que necesariamente queramos que esta se cumpla. Por otro lado los deseos eran ideas que realmente estamos interesados en llevar a cabo. Un problema puede surgirnos cuando somos incapaces de diferenciar entre nuestras fantasÃas y nuestros deseos.
Alguna vez llegué a pensar que podrÃa ser feliz siendo escritor, pero nunca hice nada por conseguirlo. Mucha gente a la que aprecio pensaba que era malgastar la cantidad de horas y de letras que dibujaba, pero en el fondo algo habÃa en mà que inconscientemente me llevaba a evitar acometer trabajos que pudieran transformarse en libros. Quizás lo que realmente deseo es transmitir mis ideas, y esas ideas son tan diferentes entre sà que serÃa imposible defenderlas desde la carrera de un escritor. Asà que me decido por volver a escribir, pero sin desear ser escritor, simplemente lanzando mis ideas.