Y es que no solÃa corregirse, pero se dijo: joer, será la carcoma quien me carcome la ropa, no? Las hormigas lo único que me producen es un hormigueo.
Efectivamente, era la carcoma. Unos bichos mucho más grandes que las hormigas, que no hacÃan más que meterse con ellas. Eran de lo más abusonas. DecÃan que la madera era suya, a pesar de la carpinterÃa de toda la casa era de aluminio imitando madera y las camisas estaban hechas con algodón y lycra (bueno, tenÃa una de lino, pero eso es otra historia).
El martes le vino una hormiga llorando. Que si es que me ha dicho una carcoma tal, que si cual. El personaje del cuento cadena escuchaba pacientemente a esta hormiga pusilánime (joer, siempre pensé en usar esta palabra en un contexto). La escuchaba con calma, ella sentada en la rodilla desnuda del personaje. “que es que me dijo que era una chiquitaja y…”
“Ottias”, gritó el personaje, justo cuando miró al frente al intentar abstraerse del rollo de la hormiga. “Ottias”, repitió, mientras se ponÃa en pie y la hormiga trataba de agarrarse a los pelos de las piernas.
“EL POSTER DE WILLY DE VILLE NO, COÑO !!! ”
Hasta las tres carcomas que estaban carcomiendo el poster se acongojaron al ver la reacción del personaje.
“Me cago en todo lo que… ” iba diciendo mientras corrÃa hacia el poster (horrible por cierto), de la pared…
(continuará…)
Tantas dudas, tantas dudas…
Se acabó, triste es pedir pero volvemos fuertes.
Reflexiones mirando a un aro
…
Decidió que después del robo, vivirÃa como una hormiga más, su casa serÃa un hormiguero.
Poco a poco se fue acostumbrando a convivir con ellas, hay gente que tenÃa un perro, un gato, un acuario, él tenÃa hormigas. Observándolas se dio cuenta que después de todo no era tan tremendamente desalentador ser humano. Después de todo las hormigas no tienen conciencia para poco más que acumular comida y comerla. Él podÃa ir a trabajar, tomar una cerveza con los amigos, cantar en la ducha, soñar despierto, pensar en lo pasado y lo futuro…
Todas esas cosas pensaba, y se acostumbró a dejar en casa siempre algo que atrajera a los simpáticos insectos, para que asà nunca estuviera sólo. Una mañana se levantó y comprobó que en su armario se habÃan instalado un grupo de hormigas, al principio no le dio mayor importancia, pero luego se dio cuenta de que estaban ocupando su espacio y destrozando sus cosas, ya no eran tan útiles.
Las camisas carcomidas, los zapatos inservibles, por no comentar nada de otros utensilios que acostumbraba a utilizar para cocinar y comer… En su casa se habÃa instalado el caos, y lo peor de todo es que ya no era capaz de matarlas, las tenÃa demasiado cariño.
Pasó dÃas mirando furtivamente el departamento de insecticidas en el supermercado, pero cada vez que cogÃa un bote un escalofrÃo le recorrÃa la espalda, y pensaba que después de todo él era el culpable de esa situación, él las habÃa llamado en cierto modo.
Una tarde de sábado, sentado en el suelo, cubierto de hormigas, tomó la decisión más ingrata de su vida…
(continuará)