Llamemosle Javier.
Se levantó a las siete, una mañana cualquiera, en su casa.
Una casa como cualquier otra, qué más da? En un barrio. ¿Qué barrio? No lo sé. ¿Por qué se levantó? ¿Se despertó por si mismo, o tenÃa despertador? ¿Le despertaron los pájaros de fuera, sobre el árbol, junto a la ventana? No lo sé. Quizá viva en la ciudad, en una torre alta, o quizá viviese en el campo, eso lo desconozco.
¿Pero, realmente se llama Javier?
Tampoco lo sé.
Lo que sà se es que eran las siete, una mañana cualquiera, y ella no estaba.
Ni sus cosas en el armario, ni ella en la cama.
(“Te levantas un dÃa, marzo 22, y el armario está más vacÃo que tu corazón” Esclarecidos)