Gran noticia!!!
He dejado mi Macintosh aparcado.
Hace ya algún tiempo que las relaciones entre mi colorplus y yo no eran del todo… como decirlo, idóneas…
La verdad es que ha sido difÃcil terminar de esta manera tan brusca, pero mi mac y yo trataremos de seguir siendo amiguetes, y puede que de vez en cuando le toque un poco las teclas, para recordar los viejos tiempos en los que, siendo todavÃa un macintosh plus, sin más que una disquetera de baja densidad, me cautivó con monitor integrado monocromo.
Eran tiempos felices, en los que yo me entregaba en cuerpo y alma a ella. Le limpiaba el teclado todos los dÃas, y alimentaba sus ambiciones con más y más programas nuevos.
A veces, al volver del cole, me recibia con su mejor pantalla de bienvenida, esa que sólo mostraba cuando no tenÃa instalado el startupscreen.bmp. Yo me ponÃa solo con verla, y acababa instalandole algún programa muy grande, como el Filemaker Pro 2.0, lo cual requerÃa que le metiese y sacase muchas veces el disquete del programa, para que ella pudiese asimilar los datos con calma.
Nuestro amor mutuo creo que comenzó a enfriarse en las navidades del 93, cuando descubrà a mi hermano jugando al risk con ella.
Eso era lo peor que podrÃa haberme hecho. PodrÃa entender que se liase con cualquier otra persona, pero no con mi hermano , que sólo le gustaban los pc´s, y que incluso se reÃa de su pantalla.
No le dirigà la palabra en meses, y sólo volvà a ella cuando vi lo felices que eran mis amigos con sus ordenadores, escribiéndo poesÃas y jugando al doom.
Ella me prometió que nunca más jugarÃa con otro más que conmigo, y yo la creÃ. No debà hacer eso, porque tan sólo una semana más tarde, tuve que llevarla al concesionario más cercano urgentemente: se habÃa roto su único botón del ratón, y no podÃa ejecutar ningún programa más que el Multifinder. Siempre he pensado que se lo rompió Fernando, en una discusión en la que la intentó buscar el botón izquierdo, pero… nunca pude demostrarlo.
La reparación fue algo cara, 4.000 pesetas, y estuve a punto de dejarla cuando mis amigos me dijeron que ellos por tan sólo 2000 le ponÃan todo un ratón nuevo a sus pc´s.
Fue poco después cuando evolucionó, y se transformó en un Macintosh SEII, que era ya un ordenador sin disco duro, pero con doble disquetera de alta densidad.
Nuestras relaciones se hicieron más monótonas, y ya no le metÃa y sacaba los disquetes, ya no habÃa la magia de saber si la memoria ram aguantarÃa tanto trajÃn…
Pasaron los años, y me fuà alejando de ella poco a poco. Ya sólo la usaba de vez en cuando, para escribir algún cuento, alguna carta, jugar al supertetris…
De hecho, desde que empecé la facultad, conocà a muchos otras ordenadores, que tenÃan la pantalla en color, y con los que podÃa conocer el mundo a través del programa Gopher.
Sin que lo supiera mi mac, (como yo siempre le llamaba en casa), subÃa todos los viernes a la sala de ordenadores de mi facultad, y me conectaba con una de aquellas preciosidades, que no dejaban de sorprenderme, sobre todo por lo rápido que se producian errores con ellas. TenÃan la costumbre de provocar un volcado de pila cuando menos te lo esperabas, y te obligaban a resetearlas y pasarlas el scandisk suavemente por el lomo.
Un dÃa, al volver a casa, mi Macintosh SEII no estaba. Nadie supo darme razones. Ni siquiera dejó una carta impresa con la imagewriter II. Desapareció, sin más.
Meses más tarde, mi hermano volvió a casa con ella. Se habÃa cambiado el nombre, (ahora se llamaba colorplus), y estaba irreconocible: nuevo teclado extendido, monitor en color… y venÃa cargada con un disco duro de ochenta megas, que yo siempre he aceptado como mÃo, a pesar de que no recuerdo haber tocado su placa base sin tomar las precauciones necesarias.
La recibà con los brazos abiertos, y todo volvió a ser como antes. Su impresora murió el año pasado, (era ya muy mayor), y ella me miró horrorizada mientras la desmontaba para sacar su unidad de alimentación antes de tirarla a la basura. Posiblemente debà hacerlo en otro cuarto, pero…
Ayer, escribiendo una carta, me dijo que lo mejor serÃa que no nos viesemos más, que nuestra relación no llegarÃa muy lejos. Yo estaba enamorado de un portatil toshiba satellite pro que pasó por aquà de camino a casa de mi hermana, y no podrÃa sacarme de la cabeza su sonido suave, sus bahÃas intercambiables y aquella forma de sostenerme el cigarrillo con el teclado mientras yo me tomaba el café, intentando configurar su soundblaster.
Yo acepté la realidad, y le dije que me gustaba mucho como ordenador, que su sistema operativo era mucho mejor que los demás, y que nunca me habÃa fallado en los cálculos estadÃsticos, pero que me gustarÃa algo menos personal y que me dejara hacer amigos con los que intercambiar programas. Además, en el trabajo, mi pentium no dejaba de hacerme guiños con el odbc, para que consultara sus bases, y estaba hecho un lÃo.
Mi colorplus (recordaré siempre como el brillaba la pantalla al decirlo), me recordó aquella vez que hicimos juntos el análisis estadÃstico de la encuesta que hice para investigación de mercados, y me dio a elegir: o el toshiba portatil o ella.
Ahora estoy con un 386 que me ha pasado, un amigo mÃo, hecho con piezas de varios ordenadores antiguos. En tiempos, su torre era de la familia de ordenadores IBM, aunque todos sabemos que salieron los clónicos y fueron a menos. Está algo anticuada, y no quiere que juegue con ella hasta que le instale un mouse compatible con su puerto ps/2. Le traje un ratón genérico del trabajo, y me dijo que ella no se mezclaba con esa chusma clónica.
Y aquà sigo, esperando que mi hermana se canse de aquél portatil toshiba, y quiera algo más, para poder volver a acariciar aquel teclado, y decirle cosas bonitas a su micrófono.
Vaya, mi 386 se ha puesto celosa y me pide que le pase el panda antivirus. Es un poco tonta, pero entre ella y yo solo hay procesamiento de textos.