28 November, 2007
Última parte, de una historia ya comenzada hace varios meses, recomiendo la lectura de las dos partes anteriores para aquellos que no las hayan leÃdo o simplemente no las recuerden.
El fulano que se ha apalancado en tu puerta y que lleva diez minutos hablándote de una persona a la que no conoces acaba de dejarte en jaque al descubrir que no tienes ni idea de quién es Pepe. Un escalofrÃo te recorre el cuerpo al darte cuenta de que llevas perdido un montón de tiempo y encima has quedado como un tonto por no haberle mandado a freÃr espárragos hace tiempo. Un silencio incómodo se cierne sobre la sala.
Entonces suena un sonitono de estos que se graba uno mismo con el micrófono del móvil en casa.
Móvil de fulano – Cooogeeeemeee el móoooovil, lalalalalalalalalala…..
Tú con cara de alivio – Te llaman.
Fulano (mirando el móvil) – ¡¡ES PEPE!!
Tú atemorizado – JARL
Fulano – Peeeepe, pero cómo te va, que te he venido a ver a la oficina y estoy aquà con uno que dice que te conoce pero no tiene ni idea chacho. SÃ, en el edificio de al lado de la plaza. Ah, ¿que ya no curras aquÃ?, cómo, pero entonces… ¿que nunca has currado aquÃ?, la otra plaza, ¡¡AAAAAAAAAANNNNNDA!!. Pues vaya chico que chasco. Pues nada, ya te voy a ver otro dÃa. (cuelga)
Tú – Asà que Pepe no curra aquÃ, ¿no?.
Fulano – Si ya me extrañaba que no lo conocieras, con lo salado y majo que es.
Tú – Pues nada.
Fulano – Y tú no te tomarÃas un café, ya que nos hemos conocido.
Tú – Pues no, tengo trabajo.
Fulano – Bueno, pues nada, adiós.
Tú – HALA MAJO, DALE RECUERDOS A PEPE.
18 September, 2007
Hace ya bastante tiempo que empecé esta historia, asà que recomiendo a los que no se acuerden que echen un vistazo a la primera parte. Aprovechando que como vereis hoy me encuentro especialmente inspirado (dos entradas y actualización de perfil) voy a continuar la historia.
Nos habÃamos quedado con nuestra victima abrumada ante la pregunta de cómo era posible que desconociera quién era el grandioso Pepe.
Fulano – Pero hombre, si Pepe es un crac.
Crac: término aplicado a cualquier persona que significa que el citado sujeto es un portento en alguna faceta cualquiera, puede ser desde la capacidad de resolver un puzzle de 8000 piezas hasta ser capaz de comer 20 huevos duros de una sentada.
Un crac, Pepe es un crac, muy bien, bien por Pepe.
Fulano – ¿No sabes quien es?.
Tú con cara de poker – Puessss, ¿un crac no?.
Fulano – ¡¡Pues claro que sÃ!!, un máquina, ya sabes quien te digo ¿no?.
Tú con cara de poker -…
Se produce un silencio incómodo en el que se oyen de fondo algunos pasos por el pasillo, un pájaro que se posa en la ventana del despacho, y un sonitono de la cabalgata de las Walkirias.
Fulano – Que sà hombre que sÃ, si lleva trabajando aquà toda la vida.
Te quedas mirando fijamente al sujeto, parece animado con la … ¿conversación?, está entregado a mostrarte que Pepe es un crac, un máquina y lleva trabajando allà toda la vida. Pepe es un tÃo grande, majo, simpático, pingoletero y cascabelero. Pepe es la solución a tus problemas, es colega de este tÃo tan salado, Pepe es una señal en tu triste vida, un soplo de aire fresco, y…
Tú cometiendo un grave error – ¿Y dónde trabaja? .
Fulano con un set point – Pues aquÃ, a ver si no le vas a conocer y te piensas que es otro.
Tú tratando de devolver la pelota – Joder, Pepe, esteeee…
Fulano – Si no sabÃas quien era haberlo dicho.
Set point para Fulano.
6 July, 2006
…
Decidió que después del robo, vivirÃa como una hormiga más, su casa serÃa un hormiguero.
Poco a poco se fue acostumbrando a convivir con ellas, hay gente que tenÃa un perro, un gato, un acuario, él tenÃa hormigas. Observándolas se dio cuenta que después de todo no era tan tremendamente desalentador ser humano. Después de todo las hormigas no tienen conciencia para poco más que acumular comida y comerla. Él podÃa ir a trabajar, tomar una cerveza con los amigos, cantar en la ducha, soñar despierto, pensar en lo pasado y lo futuro…
Todas esas cosas pensaba, y se acostumbró a dejar en casa siempre algo que atrajera a los simpáticos insectos, para que asà nunca estuviera sólo. Una mañana se levantó y comprobó que en su armario se habÃan instalado un grupo de hormigas, al principio no le dio mayor importancia, pero luego se dio cuenta de que estaban ocupando su espacio y destrozando sus cosas, ya no eran tan útiles.
Las camisas carcomidas, los zapatos inservibles, por no comentar nada de otros utensilios que acostumbraba a utilizar para cocinar y comer… En su casa se habÃa instalado el caos, y lo peor de todo es que ya no era capaz de matarlas, las tenÃa demasiado cariño.
Pasó dÃas mirando furtivamente el departamento de insecticidas en el supermercado, pero cada vez que cogÃa un bote un escalofrÃo le recorrÃa la espalda, y pensaba que después de todo él era el culpable de esa situación, él las habÃa llamado en cierto modo.
Una tarde de sábado, sentado en el suelo, cubierto de hormigas, tomó la decisión más ingrata de su vida…
(continuará)
28 June, 2006
Hay dÃas que se hace imposible tirar la basura. Sobre todo para Jaime.
Deposite usted la basura en el contenedor entre las 9 y las 10. Nunca (o casi nunca) Jaime estaba a esas horas en casa, y le era imposible (o casi imposible) tirar la basura.
Que no le entendáis mal, a Jaime le hubiese encantado tirar la basura a esa hora. Incluso estar una hora o dos (o cinco) antes en casa, para estar con la basura bien atadita por arriba y preparado para sacarla al contenedor de la calle.
El poder tirar la basura a la hora significarÃa que se encontraba en casa a esa hora (hora normal), y que podrÃa estar tirado en la cama, leyendo (aunque nunca fue de mucho leer), o haciendo rebotar una pelota de espuma por la habitación (si tuviese tal pelota), o dando de comer a los peces (si tuviese acuario).
Y eso hubiese significado que el 2 de agosto de 2006 no estarÃa viendo a una fila de hormigas que trepaba desde el patio de su casa por la pared, formaditas cual desfile militar en dos carriles: uno de hormigas que venÃan y otro de hormigas que se iban, llevando a sus espaldas todo lo orgánico que contenÃa su bolsa.
Pero el dos de agosto de 2006 Jaime estaba tumbado en su sofá cama, viendo desfilar a las hormigas. Dejándolas tranquilas, sin intentar putearlas y romper sus filas marciales con ataques aéreos indiscriminados de KH7 (el spray insecticida hacÃa tiempo que se acabó).
Las dejaba marchar tranquilas porque al fin y al cabo ellas hacÃan una labor de separación de basuras que Jaime nunca hacÃa, y porque sabÃa que era culpa suya:
Él era quien habÃa dejado las ventanas abiertas al patio y la basura en medio de la habitación.
Al menos los ladrones podÃan haberse molestado en tirar la bolsa de basura. Eso y el sofá cama era lo único que habÃan dejado atrás…
(continuará)
3 May, 2005
Murphy sabÃa lo que tenÃa que hacer con la Katana. Lo habÃa leÃdo en algún libro de Mishima.
Asà que se buscó el punto concreto en el vientre y dirigió allà su katana con la precisión de un cirujano.
Estas cosas pasan en los cuentos cadena. Son asà de imprevisibles.
Una vez hecho esto, la katana desapareció por arte de magia, Murphy resucitó en un motel de carretera junto a esta mujer, que no sabemos quién es, y en algún punto perdido de Alcobendas, un matrimonio decidÃa no comprar ni un sólo mueble más en ikea en lo que quedase de mes.
28 April, 2005
De pronto despertó, no sabÃa muy bien si lo que habÃa ocurrido era o no, si era real o no, las pistola habÃa desaparecido, Murphy tenÃa resaca. HabÃa pasado el dÃa acompañado por un filósofo que entre copa y copa de ron le habÃa dado un toque relativista a su vida, y él que siempre habÃa tratado de enunciar verdades absolutas se hallaba desorientado y atemorizado ante las consecuencias que podrÃa haber tenido tal cantidad de verborrea mezclada con alcohol.
Por momento llegó a pensar que la persona que le habÃa asaltado el dÃa anterior tenÃa razón, que tampoco importaba mucho lo que él pensara, ya que después de todo la impresión que generara en los demás no dejaba de ser su existencia, ¿para qué existir cuando los demás no ven en ti nada más allá que su percepción?. Como veis Murphy tenÃa un conflicto existencial o caraja. Esto en cierto modo alentaba al escritor a mofarse de su desdicha, al fin lo tenÃa donde querÃa, dudando de sus estúpidas visiones negativas de la vida.
Pero Murphy asà no es Murphy, su inexistencia no tiene sentido si piensa, si siente, si padece. Murphy sabÃa que necesitaba algo, necesitaba reencontrarse con el desgraciado que le habÃa dejado postrado en un mundo inexistente, sin nada que hacer, sin pistola.
Entonces fue cuando en un momento de debilidad, el escritor, le hizo comprarse una katana.